28 de septiembre de 2009

Fotos y gestos

¿Cuántas palabras omitidas se revelan en un rostro? ¿Cuántas emociones pueden comprenderse en la expresión de una persona? ¿Qué tan cautivos somos de nuestros otros rostros plasmados en papel? Cifras tácitas que definen la fidelidad de un retrato.

De lo más profundo, nuestras intenciones se liberan aún en contra de la voluntad y sobre las restricciones del habla. Buenas o malas, nobles o bajas, traicionan nuestro pudor y gravedad para aliarse con la honestidad. Conociendo el gran efecto sobre la vida, se nos enseña a controlarlas o reprimirlas, aquello que al común del grupo cause menos agonía. Sin embargo la experiencia demuestra que no es la emoción la que perjudica, sino la que no es plenamente liberada.

En la medida en que se dice plenamente lo que se siente, se logran los verdaderos cambios, tan buenos o tan malos como los defina su naturaleza, pero tan intensos como para dejar huella. Las mentes malas, en la subjetividad de su estado, conocen esta regla y con ello han logrado sacudir los cimientos de la moral misma, poniendo en entredicho el valor del deber y la alegría.

Los bondadosos, al contrario, siguen los preceptos de mesura y cordialidad que les distinguen, cerrando con ello la oportunidad de obtener una fuerza equiparable a la de aquellos contra los que luchan. En consecuencia inclinan la balanza en favor del oponente y deciden en singularidad un destino dual.

De ser esto correcto, ante una foto con mirada perdida existe la única respuesta de un buen corazón reprimiendo la emoción ante la vacilación de su acogida. Un corazón que desea cariño y cercanía, en aras de un bien mejor que beneficie a la mayoría.

Un corazón que cree y sueña, pero ante la disparidad de su presente, duda de su certeza.

jensen ackles

24 de septiembre de 2009

La concreción del sueño

Son las 7 de la mañana en el distrito comercial de Paris, la fría atmósfera es apenas perceptible por los profesionistas que como manifestantes de una procesión poco bulliciosa, van entrando a cada uno de los rascacielos de la compañías a las que pertenecen. Unos mas adormilados que otros, la mancha deforme de trajes oscuros es absorbida en cuestión de unos minutos.

Entre ellos, una joven ejecutiva de nombre Cécile avanza apresuradamente en un acto completamente mecánico memorizado a base de repetirlo día tras día. Detrás del gris de sus ojos ausentes se pierden decenas de pensamientos que constante se arremolinan y confunden, nublando la claridad de su dueña.

Al llegar a su oficina, la luz intensa que inunda el espacio desde las ventanas la hace regresar a la realidad. Debe concentrarse, existen al menos tres proyectos de vital importancia que se encuentran a la deriva esperando una solución, una solución que ella y nadie más debe dar.

Comienza su jornada, pero ni el café ni la inusual calma logran concentrarla. Las ideas que desde la madrugada se apoderaron de su mente se niegan a soltarla.

¿Cómo convencer a quien en sus cavilaciones profundamente se encierra de salir y disfrutar de las amplias ventajas de una vida llena de libertad y virtud?

Desesperada, suspira fuertemente y se asoma a la ventana. En la explanada frente al corporativo, un joven fotógrafo sueña entre las esculturas, buscando el ángulo perfecto para atrapar la esencia de esa nublada mañana. Rodea cautelosamente la estructura, como un quien cortejara a su cortesana, sonríe ante las posibilidades, inventa escenarios perfectos y terribles, apunta por un momento… y dispara. Una, dos y tres tomas. Para ese momento, Cécile ha dejado el edificio y va al encuentro de su libertad.

La suave brisa del viento le recibe al cruzar la puerta principal. A unos metros está el fotógrafo, ensimismado en la ilusión óptica que intenta desenterrar. Tal vez una vuelta más le dé la solución. Cécile, que para ese momento conoce bien la forma en que opera, sopesa sus opciones y elige sentarse silenciosamente en una banca cercana a espaldas de él.

Ofreciendo abrir esa puerta al mundo vasto y desconocido a través de un plan sistemático que brinde la confianza necesaria pero no limite la espontaneidad requerida. Fusión de estilos e ideas que trasformen lo opuesto en homogéneo.

Él sigue dando vueltas, imagina una escena de admiración y simpleza y gira espontáneamente mientras se arrodilla para conseguir la vista que deseaba. Es entonces que surge el la chispa.

Es por eso y ahora más que nunca que el amor es libertad, interpretado en el sentido más antiguo y original de la palabra.

Una sonrisa ligera que se filtra por la lente, resulta en otra que se dibuja en el rostro de quien la sostiene.

La posibilidad de elección asumiendo consecuencias, aun si no parecen existir los medios para realizarlo.

Sin pensarlo, aprieta el disparador y atrapa ese instante de intimidad anónima. Como por magia, su cara se ilumina, se mueve rápidamente a la derecha y vuelve a fotografiar.

Un voluntario construir felices recuerdos en el marco de un virtuoso sendero. Una invitación que no forza sino provoca, una presencia que no envuelve sino atraviesa.

-¿Por qué me tomaste una foto? ¿Qué no querías una toma de “las flores”?

-Así es.

- ¿Y entonces?

-Que venga por una estética en especial no significa que no pueda capturar alguna otra más… personal.

-¿Soy entonces una obra más para demostrar tu técnica?

-En realidad, eres el preludio de toda una nueva forma de expresión.

He ahí la unión de los caminos. La forma del marcaje, de la creencia, la concreción del sueño en trazos firmes y rectos.

fleurs

13 de septiembre de 2009

Esencia dividida y reunificada

ville

Eran las 7 de la noche y desde la explanada del ‘Hôtel de Ville’ podían verse los haces que desde lo alto de la Torre Eiffel dominan la ciudad. Cerca al Sena dos siluetas conversan. De rasgos orientales y arraigadas creencias se enfrascan con el pasar de las horas en temas más profundos, como si absorbieran de la corriente fluvial la fuerza.

“Tengo un problema, y es que estando en esta ciudad de vidas rosas estoy restringida. En medio de las luces de una ciudad artística y cosmopolita se ha ido diluyendo la esencia de mi sangre. Se han deslavado los rasgos en mi rostro y me he perdido en la deriva de un bienestar que no comprendo. Tan mundano para que cualquiera lo acepte y tu lo apoyes, tan contrario a los principios como para que termine de acostumbrarme y me sienta cómoda con el resultado . Si pudiera conseguir la luz de esta isla romántica y fundirla en la fuerza de mi ciudad fantástica, sería completamente feliz. Extraño Bombay.”

El oyente atento escucha, respeta pero es incapaz de guardar la respuesta evidente. La mezcla que busca se encuentra fuera de los componentes, y aunque comparte el mismo pesar de una decisión tan provocada no puede dejar de reconocer que es una solución que estaba planeada desde mucho tiempo atrás, escrita y diseñada sabiamente por un ser superior.

Mientras van surgiendo los cabos sueltos de una red por demás compleja, el oyente ve como las hojas y el viento, el agua y la piedra, la música y las luces del Hôtel se conjugan en armoniosa incidencia para conformar el artístico paisaje. Bello en sí mismo por la función con la que ha nacido, induce en los conversantes un estado de concentración y entrega. Como todo en su conjunto es una de tantas pistas que la sabia urbanización propone: Siendo tan iguales pero opuestos, les es imposible reconocerse. Solo exploran hasta donde la confianza les permite por que lo que no han aprendido es a estar expuestos. Ser libres y dejar el corazón abierto, el preludio para que uno marque al otro.

Un poco de acordes tradicionalmente franceses, aunado a la expresividad de un ‘bateau’ que con surcar el río provoca un sentimiento de introspección tranquila, dan las condiciones para una última evaluación de las circunstancias, midiendo consecuencias y posibilidades. Determina que es preferible y se apresta a llevarlo a cabo.

En el estado de represión y duda que su desconfianza provoca, esta la última de las pruebas: el designio divino para comprobar si se ha seguido el camino. Uno debe aprender la tolerancia y el otro la presteza. En este reflejo de inconsistencias la disparidad dual y extrema reafirman la conjunción de blanco y negro. Uno incita y el otro interioriza, pero en el preciso momento no es posible percibir ni el sentido ni las diferencias.

Cuando quisiera decir la verdad desnuda se contiene poco y pronuncia:

Ya sé, ven conmigo, alejémonos de todo esto que no es mas que la señas que han servido para reconocernos. Todo cuanto hemos vivido es el entrenamiento, las notas con las que identificar la ultima sinfonía. Son señales para ver la otra mitad que vivió en complemento: donde surgen tus lagrimas y aparece mi nudo en la garganta. Vayamos ahí donde nos llama la tradición y la sangre a cumplir nuestro sueño. Es nuestro destino, es nuestra misión, es lo que siempre quisimos. Porque hemos de aprender a arriesgar, porque hemos de saber recordar, porque así esta escrito.

Un sueño perdido y vagamente encontrado, un sueño que es destino y milagro. Un sueño que envuelve en un aura de libertad y esperanza. Un claro de luz en medio de la tormenta anunciada. Es arte y ciencia, dentro y afuera, norte y sur, esencia y práctica. Y aun reconociendo que puede no serlo es como se convencen de que si lo es.

Y en medio de la quietud de una ciudad que descansa es que las palabras escapan por el cauce del río. Libres y dispuestas, con la capacidad de germinar cerca o lejos de sus creadores, quienes se marchan ajenos hacia el metro por la acera.

Ave Maria.mp3

8 de septiembre de 2009

Trozos expuestos

Miedo de pensar que los sueños permanecerán así.

Miedo de conocer una verdad que me sea adversa.

Miedo a que sus implicaciones destruyan los pilares en los que creo.

Miedo a retroceder todo lo que psicológicamente se ha logrado.

Miedo a lo que no conozco pero si imagino.

Miedo a que la situación sea tan simple y la reacción tan exagerada.

Miedo a que todo se eche a perder.

Miedo a saber que no te podré tocar ni no podré abrazarte.

Miedo a saber que me he estado engañando.

Miedo a reconocer que en este juego de dos, solo hay un participante reflejado.

Miedo a pensar que estando tan cerca, me aleje de ti.

Miedo de que sean tan posible y verdadero y aún así no suceda.

Miedo a que sea sólo una decepción más.

Miedo a que me vea como un ingenuo, tonto e inocente.

Miedo a que el silencio sea más dulce que el discurso.

Miedos que tengo, miedos que venzo cada vez que con una sonrisa te digo: “Quiero estar contigo”. Exponiendo el centro de mi ser, abriéndome a la vulnerabilidad de un golpe directo. Si es que aún sobre de ello no lo temo, es porque esta necedad descansa en mi fe y en aquello que de ti creo.

Belleza lógica y razón armonizante

lumiere Piénsese en dos figuras humanas, ambas brillantes y de gran energía. Blancas y fulgurantes, irradiando luces y fuerzas tan grandes que ciertamente hacen orbitar la creación alrededor suyo. Entes encausados cuya aparición es aún ignorada por todos, tal vez por eso es que son ajenos al tiempo, preservando en su apariencia la juventud y atesorando en sus adentros la experiencia.

Uno es dedicado a la belleza. Con el toque de su aliento vuelve lo vulgar en sublime, lo terreno en divino, lo banal en único. De carácter cálido y afable, atrae a sus seguidores volviendo a despertar sus sentidos. Sujeto al ideal de sus sueños, cumple los estándares que a si mismo se ha impuesto, alienta el movimiento de las mentes inquietas y creativas y de él derivan los constructos armónicos que guían lo mismo al placer que al delirio.

El otro es la razón encarnada, un conjunto de leyes y principios que incesamente busca la comprensión total del universo. En el seno de los axiomas lógicos que demuestren la realidad, desmenuza cada uno de sus elementos, inquiere a los motivos de su constitución y simplifica las cosas en un puño de conceptos. Es frío y analítico, el estado en un momento solo puede ser positivo o negativo.

Son polos opuestos, aristas perpendiculares de un todo más complejo al que uno y otro sueñan comprender, pero desde el limitado panorama de su primitiva condición solo pueden imitar. A la luz que ellos emanan, todo parece oscuridad.

Mutuamente se son interesantes por lo que suelen padecer un deseo de apropiación: uno busca analizar y el otro refinar. Cuando por casualidad o intención se deciden acercar, la propia fuerza de cada uno se niega a cooperar, alejando con violencia las propuestas de unidad. Una y más veces esto sucede, desde tiempos inmemorables y hasta el último de los días. Con todo y esa reticencia, el esfuerzo de voluntades poco a poco empieza a progresar. En medio de ese choque paradójico un diálogo lacónico se desarrolla lenta pero constantemente.

-¿Quién eres? tu presencia me es embelesante.

-Soy la ciencia. ¿Tú?

- Me llaman arte.

1 de septiembre de 2009

Un par de tazas de café

blackcoffee

Pendientes e impasibles están un par de tasa de café. Sobre todas las mesas, en medio de todos los cafés, conteniendo todas las bebidas del oscuro grano: Son dos tazas que esperan su conversación.

Se formaron hace un par de meses, con la fuerza de un brinco de corazón, con el negro de aquél vestido satinado y la suave forma de un ligero soplo. Se hicieron en par, y como tal se deben usar. Sobrias en los acabados, no es la imagen la que hipnotiza, sino la esencia de aromas que contienen. Bajo su influjo surgirán las conversaciones más prohibidas e impensables. Diálogos de dos corazones expuestos a la tenue luz de las estrellas, de las velas, del atardecer o de una fogata que entibie las paredes de una cabaña en medio del bosque.

Son dos tazas siempre dispuestas, dos tazas siempre llenas. Es la magia de un encuentro contenido en dos piezas de porcelana. Es un par de tazas de café.