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23 de mayo de 2010

En un claro de bosque. (V)

Poco a poco esa luz se acercaba, aumentando en intensidad sus rayos pero también emitiendo pequeños destellos dorados. Pequeñas brisas de viento hacían silbar las hojas de los árboles y un tintineo constante empezaba a convertirse en música. En compases lentos y profundos la melodía creció en volumen y textura. Ya no eran solo campanillas, también eran acordeones, flautas y violines. Pronto se unieron guitarras, panderos, clarinetes y armónicas. La luz se volvía más intensa y los instrumentos no paraban de aumentar. Difícilmente se sabrán los nombres de todos los presentes en ese mar de percusiones, viento y cuerdas.

A pesar de ser tantos y tan distintos, los sonidos se mezclaban perfectamente en una sola melodía abrumadoramente emocional e instrospectiva. La omniorquesta tocaba cada memoria alegre y goce que tenía, devolviéndome no sólo la faceta que en un inicio había dejado, sino también retomando la crónica de aquella noche mágica y perdida. Nota tras nota se concentraban la felicidad y la amargura, la tranquilidad y la angustia, el amor y la desventura, la realización y el fracaso...

3461116582_4cc12d4558_bExtendí la mano como queriendo alcanzar la nada. De inmediato se oscureció todo y al abrir los ojos encontré la causa. Justo bajo mi palma se encontraba el hada dorada.

4161788569_d92289ec88_b Al voltear la palma, ahí estaba: su ropa blanca y brillante, sus alas áureas y delicadas, como halos de luz que emanaban de su espalda. Más misteriosa que cualquier otra, guardaba su identidad tras una máscara. A pesar de su silencio, con su música me hablaba, entendía y contestaba. Era alguien que había superado las limitaciones humanas, llegando con sus sonidos más allá de lo que habrían podido las palabras.

Si había forma de hacerme olvidar todo nuevamente, la pequeña misteriosa que tenía enfrente la había encontrado: me quedé en ese pequeño e iluminado espacio como quien por fin encuentra lo que  había estado buscando. Ritmos y melodías armoniosas que me hacían soñar con una vida rodeado de naturaleza y canto. Ella siempre la artista, yo siempre el público. ¿Sería posible? Parecía no detenerse nunca, emitiendo música con frases y propuestas armónicamente encadenadas.

Me quedé ahí absorto hasta que el verdadero sol comenzaba a salir del horizonte. Poco a poco el cielo fue clareando, haciendo las notas más quedas, la melodía más simple y la luz más baja. No fue sino hasta el último momento que las memorias de las otras hadas convergieron en ella, rodeando su silueta y fundiéndose en un último fulgor dorado que terminó por disolverla. Al primer instante de la mañana, todo lo que tenía en la mano era sólo un poco de polvo de hada.

Caminé al extremo del bosque, voltée a dar una última mirada, suspiré y regresé a la común y corriente vida humana.

En un claro de bosque. (IV)

Un aroma que encandilaba llamaba a seguirlo incondicionalmente, como acariciándome a cada paso que daba. En la amplitud de un bosque nocturno aparentemente vacío, solo un aroma me mantenía unido a ese sueño. Por primera vez vi la luna, y embelesado por ella, no me di cuenta cuando apareció el primer destello rosa.

325914045_17f703d5f5_o La fuente de aquel aroma no era nadie más que una diminuta hada rosada. Tierna, indefensa y coqueta, jugaba con hongos más grandes que ella. Totalmente hipnotizado por la esencia que emanaba, e imaginando qué pasaría, seguí el juego que insinuaba y la toqué. Apenas un roce fue suficiente para entrar en ese éxtasis mágico. Misma sensación, pero esta vez con un aroma rosado y perfumante. Iba a tocarla de nuevo cuando la pequeña huyó de mi dedo. Pensé haberla asustado, pero me seguía sonriendo. Intenté una vez más, pero volvió a esquivarme con un aleteo. En vano intente volver a hacerlo: cada vez que lo hacía una sonrisa me evadía, incapaz de dejar de incitarme de la misma manera que no podía dejar de tener miedo.

4245755581_4b04a0d9dc_b Tal vez fuera por ese miedo suyo que de un momento a otro el aroma cesó. Los destellos rosas desaparecieron y en su lugar aparecieron pequeños puntos de oscuridad. El hada rosa que jugaba y sonreía, creció y se convirtió en un hada negra que con sus ojos cerrados me intrigaba al tiempo que me daba serenidad.

Fue de pronto que empecé a soñar cosas. Veía como amanecía, lograba todas mis metas y de nuevo en casa disfrutaba de una feliz vida. Luego imaginaba largas tardes de abrazos afectos ante un sol que poco a poco se ocultaba. Imaginaba tener riquezas incomparables, el poder sobre naciones y la fama de una leyenda. Mi mente se llenaba de vistosas nubes que me auguraban un buen destino, aunque en el fondo sabía que ninguna de ellas era cierta. A pesar de la sonrisa que me dibujaba soñar todo aquello, mi conciencia recordaba que estaba en un claro de bosque, con un hada negra que era feliz aparentemente de la nada. Cuando quise cuestionarla, más visiones llegaron a mi mente, llegando a tal grado que la realidad, si es que aún había algo de ella, se mezclaba con la ficción en mi cabeza.

450592240_2dbdd74fab_b Asustado por el poder de aquél pequeño ente, me escabullí entre el follaje buscando la salida. Ya no quería saber más sobre hadas y claros. Lo que yo entendía como juego resulto ser un calvario y luego de andar a la deriva sin medir el tiempo, el cansancio me impedía seguir adelante. A lo lejos podía ver una luz intensa, debía de ser el sol anunciando el próximo amanecer en los límites del bosque. A pesar de ello mi fatiga era grande y aunque con quejas tuve que recostarme a descansar… en un claro de bosque.

Apoyado en un tronco y abrigado por unas frondosas ramas, cerré los ojos con la esperanza de que al despertar podría al fin salir de aquel bosque hechizado y lleno de hadas. La luz poderosa atravesaba mis párpados, pero ello en vez de molestarme me daba confianza. Tan cálida y constante, en nada se parecía a los destellos que había estado viendo toda la noche…

O al menos eso creía.

En un claro de bosque. (III)

Al llegar alcancé a ver el rastro dorado que se alejaba, quedándose únicamente el hada morada. De complexión más robusta y con ánimos exagerados, tenía un cofre lleno de lo que parecían ser golosinas. Tomó una, se acercó y con una sonrisa la puso en mi boca. Su sabor era inusual, una mezcla de frutas con azúcar y algo de miel. No había terminado de comerla, cuando ya tenía otra esperando a que abriera la boca. Después de un rato, y a pesar del dulce sabor inicial, el empalago ya era inevitable; sin embargo la hadita parecía no entenderlo. Por más que se le dijera que no, insistía en seguir dando sus dulces, convirtiéndose en una pequeña posesiva cuyo pensamiento no se podía cambiar. De manera un poco dura, logré escaparme de ella, no sin antes tener que destrozar su preciado cofre.

  Corrí sin descanso para evitar encontrar destellos morados. De tanto hacerlo, las gotas de sudor se agolpaban en mi frente, el aliento me faltaba y la sed era insoportable en mi garganta. Afortunadamente llegué una vez más a un claro. En él abundaban los hongos blancos y los destellos azules, creando una atmósfera fresca y relajante en la que una hada alta se paseaba.1817508272_cb9001d5de_b

Al verme llegar dio algunas vueltas alrededor mío, creando una corriente de aire fresco que al tocar mi piel la secaba, y al entrar por mi boca me devolvía el aliento al mismo tiempo que me hidrataba. Luego de un rato no quedaba rastro alguno de las golosinas o de mi cansancio. Entonces sin más aviso tocó mi mejilla. Con su gélida manita estimuló cada centímetro de mi cuerpo, abriendo cada poro y estremeciéndome por completo. Con la pupila dilatada, en éxtasis y con el corazón a todo lo que daba, la vi desvanecerse. Tan fugaz y vacía: apenas tentadora en un pequeño instante.

Desilusionado pero revitalizado emprendí de nuevo la marcha. La fuerte impresión que había dejado el hada azul hacía que caminara sin rumbo, al punto de perder todo rastro y esperanza de encontrar un nuevo claro. Cuando ya me daba por perdido, un olor atractivo me devolvió al camino.

Tal vez habría más claros después de todo.

En un claro de bosque. (II)

3205177796_6834a3f8ba_oEra obvio que creía en las hadas, sino no las habría visto y escuchado. Lo que no fue tan lógico fue  que necesitara de ellas. Nada más comprender su ausencia, corrí en la dirección de su partida. Ahora viejo, al recordar todo aquello entiendo que a partir de ese momento comenzaron los momentos más felices de mi vida. Por espacio de unas horas, un conjunto de visiones me llevaron a un mundo paralelo y fantástico, de apariencia divinamente carnal y mística. Aún no he muerto y tal vez por ello peque al mencionarlo, pero de poder ir al cielo llegaría a un mundo extrañamente conocido.

Luego de un rato entre arbustos y ramas llegué a otro claro. En el había un estanque rodeado de piedras blancas, en cuyo centro un montículo hacía las veces de isla. Sentada, con ojos soñadores y sonrisa calma, estaba un hada verde. 2104370160_ccec434906_oSu cuerpo era delgado, algo pequeño comparado con el tamaño de otras hadas que recordaba. De su cabello brotaban flores de colores vivos y exóticas formas, brotaban de su centro como botones de rosa, y a medida que bajaban iban abriendo sus pétalos hasta desprenderse y florecer en la tierra que caían, de tal manera que el hada parecía caminar únicamente sobre ellas.  Dejando la recién floreada isla se acercó, envuelta en un aroma fresco y enervante. Se detuvo a un palmo de mis ojos y revoloteando con sus alas tintineantes tomó una de las flores que caían de su cabellera, cristalizándola al momento de tocarla.

Nada más recibirla, todo cuanto había en el claro desapareció. No había rastro de estanque, flores o hada. Cuando volví a ver el cristal en mi mano, vi su rostro mientras una voz me susurraba "cuando vuelvas...".

Seguí mi camino. Mientras intentaba llegar a un nuevo claro veía destellos morados y dorados no muy lejos de mí, señal sin duda de que estaba cerca. Seguí animado por la combinación de colores y la ilusión de qué podría encontrar.

En un claro de bosque. (I)

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Sucedió una vez que vagando por el bosque me alcanzó la noche. Sin la luz potente para distinguir algún camino y con un mar de estrellas que no me podían ubicar, anduve errante buscando una salida o al menos un claro donde descansar. Pero de noche los árboles cambian, la atmósfera que envuelve se torna mágica y todo lo que ahí habita emerge para hacer notar su presencia. En cuestión de minutos ruidos de toda clase me acompañaban, como mezcla de cantos y abucheos ante la llegada de un desconocido.

Entre serpenteantes caminos de muy irregular relieve fui perdiendo conciencia de la realidad. Dejé detrás mi vida en la pequeña villa cercana al río, las desventuras que hice de pequeño y las angustias que me acechaban de adulto. Las memorias felices en familia junto a un fuego exiguo y las sonrisas salvajes o inocentes que lo mismo me arrancaron mujeres o amigos. En la vereda misteriosa que me conducía sin destino, fui dejando mi faceta de hombre civilizado, quedándome tan sólo con la de creatura creyente.

Entonces los ruidos cedieron, las sombras se aclararon y el bosque se convirtió en un lugar más familiar que ajeno. El conjunto de natura me había aceptado como suyo, y con singular holgura me dejó adentrarme en sus más profundos secretos.

Fue entonces que salieron, reunidas todas en el primer claro de bosque que jamás había visto: Eran hadas.

 2713186691_7f9cddc53f_b Una por una, con sus colores tan distintos y variadas formas, fueron llegando con su característico brillo y suave tintineo. Las había rosas, verdes, azules, moradas, negras y doradas. Juguetearon cada una en su espacio, como ignorándo a las otras, concentradas más en llamar mi atención que en guardar algo de compostura. Algunas jalaron mi túnica, otras bailaban, las menos intentaban hablar y casi todas se mostraban alegres pero misteriosas. Luego de un rato, suficiente para poder identificarlas a todas, se escabulleron tan rápido como vinieron, en la misma dirección y con sonrisa juguetona.

27 de abril de 2010

Lo que no quiero decir pero ojalá puedas escuchar.

la salle 2Es una sensación recurrente que no sé si quiero ignorar o seguir exprimiendo. A cada momento tienta  mi razón y la provoca a escaparse en una reflexión aparentemente útil que siempre estrella con la misma realidad: Sea cual fuere el destino y transcurso de eso que halago al llamar historia nuestra, el desenlace será siempre hiriente. Como sé que desde el primer párrafo ya es demasiado críptico y en persona no me atrevería si quiera a mencionarlo, trataré de explicar todo en una aclaración que nunca sucedió y de cuyo origen ignoro todo detalle:

Hace un tiempo empecé a tener un sueño, que justamente empezó contigo y no por ti. Creo que una tarde entre taza y taza lo dije: la mayor marca que he recibido, la misma a la que ahora me aferro como ancla en un mar turbulento, es esa que dejó el escudo acuartelado con un par de torres y otro de chevrones rotos. Tragos después ya era evidente que no era el único ni el más influenciado. Lo que es más, después del libro blanco y de portada verde llegué a extrapolar la onírica visión que se había formado y por un momento llegué a pensar que quizás un verano podría conocer al autor, podría ver de nuevo el escudo y sentir el ambiente único de una familia de fe, fraternidad y servicio.

Pero no fue así. Por primera vez tuve que entender que por algún motivo que no entendía (combinación que personalmente es frustrante en alto grado) no sólo aquel reencuentro no sería, sino que básicamente había un rechazo entre lo que creía cierto  y lo que en realidad pasaría.

balanzaY es cierto, no tendría que haber molestia en encontrar un resultado diferente del que se espera, sin embargo hubo un detalle extra que se convirtió en la fuente de largas reflexiones mudas y en penumbra, al compás de un canto solemne que buscaba consolarme de lo que sin duda era una pérdida. Y es que cada vez que surgía una pelea y la discordia vencía, pasaba un momento de silencio al que luego seguía una reconciliación mutuamente querida. Esa combinación deforme de tristeza y alegría fue la llave infalible y perfecta para tenerme sometido entre un “ya no quiero” y un “tal vez podría”. Dolor, puro y fulgurante, dosificado en periodos de duración variable. Se sucedieron una y otra vez, reduciendo mis aspiraciones a un simple abrazo y una confesión nada riesgosa pero verídica.

Si no hubieras sido así de amable, si hubieras sido más fría (no con la mirada perdida), sino te gustara tanto el arte, sino rebatieras todas mis conjeturas…

Es un rompecabezas demasiado complicado para estarlo soportando. Me siento vilmente utilizado para un propósito que ni siquiera conozco pero que estoy seguro no me beneficia. Me molesta ser susceptible de tus palabras y que esos pequeños nervios que salen en movimientos bruscos o en frases abruptas que me delatan cuando más intento mantener la templanza. Ya mucho he perdido derramando lágrimas y formando frases que nunca presencias. Mucho tiempo he creído ingenuamente que el momento de sentarse y aclarar las cosas llegaría. Mucho tiempo estuvo soñando una vida imposible y ajena que yo imaginaba me sonreía.

Y por eso te digo que mejor acepto las cosas, como un dogma al que no le encuentras ni pies ni cabeza. Acepto para evitar más daño contigo y más bromas con otras personas. Acepto por que ya m cansé de encuentros frustrados y miradas duras. Si en verdad estás conforme con ese compromiso extremo y repentino, no eres quien yo creía.

Sin embargo eso no quita que aún reaccione a las palabras, por lo visto a lo único que puedo acceder si el ocasión es propia. Sin embargo cuando lo vuelvo a pensar y me doy cuenta de lo trágico del planteamiento, reacciono y me defiendo, olvidando los potenciales beneficios y recordando las amargas experiencias.

Al final contesto la pregunta que no pudiste terminar y que pretenderé no haber escuchado nunca: Soy así de diferente por que se que al final no vas a estar ahí ni como compañera ni como amiga. No sabes como me duele, pero también cuan convencido por la experiencia aprendida.

6 de febrero de 2010

Vida paralela

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En algún lugar de este inmenso universo la vida de Roberto no es tan complicada como hemos podido ver. En otro espacio y otro tiempo él vive feliz y tranquilo en su pueblo natal a orillas de un lago. Ahí pasó su niñez y adolescencia, habiéndose convertido en un joven adulto de carácter afable y sinceridad completa. Pasa los días en las labores del campo, sembrando maíz y transportando lo que el pueblo crea necesario.

camp3 De vez en cuando Gerardo le acompaña en su viaje hacia el mercado más cercano, turnándose con él el manejo de la camioneta. Ruidosa pero aguantadora, se ha convertido en la eterna aliada de Roberto para todas sus obligaciones y encargos. Aún así, cuando Gerardo la maneja, disfruta del viento jugando su cabello y la resolana que le envuelve cálidamente en medio de un típico cielo despejado.

camp6Uno de aquellos días, el más afortunado de ellos, encontraron en su visita al mercado a una tierna capitalina llamada Julieta. Perdida entre los puestos que miraba maravillada, no tardaron en trabar conversación gracias a las elaboradas prendas en lana y algodón que ofrecían. Luego de convencerla que realmente eran las mujeres del pueblo quienes las confeccionaban, tuvieron que acceder a llevarla a conocer a tan habilidosas artesanas.

A partir de aquel momento las visitas de Julieta al pueblo se volvieron frecuentes pero cortas, como breves espacios de inusual diversión donde la vida de Roberto cambiaba. Visitaban cada casa, recorrían cada calle y merodeaban por el lago en busca de esa pizca de tradición mezclada con originalidad que ella tanto buscaba. Luego de otro intento fallido de descubrir el hilo negro en ese mágico lugar, regresaban al mercado en la vieja camioneta, a veces en la cabina, a veces en la carga, dependiendo de las ganas de Gerardo por acompañarlos.camp4

Sucedió que un día Gerardo tenía prisa por llegar al mercado a recoger un arbolito de higo que su madre había encargado y decidió hacer el trayecto de hora y media en treinta minutos. Sin aviso convirtió aquello en un viaje loco, peligroso, arriesgado y divertido. Roberto y Julieta, que iban en la carga, se vieron de pronto en una especie de juego mecánico sin cinturones ni asientos. Brincaban, patinaban, chocaban, iban y venían: Entre risas y bromas jugaban como niños pequeños sentados en el hielo. En uno de esos deslices Roberto abrazó a Julieta y como copilotos de un pequeño bólido, simularon manejar su propio auto en medio del resbaloso medio.

- Iuuuuuuuuuuun…. iuuuuuuun… jajajaja

- ¡A la derecha, a la derecha! ¡No espera vamos a chocaaaar!

-¡Iiiiiiiiiiiiii! jejeje ¿Creías que te iba a dejar chocar?

-¡Cerca! ¡Ahora al otro lado! ¡Ahora si nos vamos a embarrar!

- ¿Viene suicida la niña eh? jajaja

- Jajajaja

En ese momento volteó hacia Roberto, y el suspiro por más pequeño que haya sido, fue imposible de ignorar. Ahí en medio del verde campo, jugando en una camioneta y con ella entre los brazos, se encendió la chispa que llevaba un tiempo queriendo explotar. Fue tan natural: ella acercó sus labios, él la reflejó en los suyos y el primer beso (además de una roca descomunal) los hizo volar. Siguieron riendo, siguieron jugando, más alegres y en un auto más compacto.

Luz en el vacío

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loft2A la mañana siguiente el silencio invadía la totalidad del departamento. Los muebles soberbiamente diseñados y elegantemente dispuestos combinaban con los rayos de luz matinal que entraban por los ventanales. Sólo el barullo de los autos cuarenta pisos más abajo le recordaba que estaba vivo.
En la cama Roberto yacía absorto y meditabundo. A ratos recordaba la escena de hace tan sólo unas horas: Tranquilo y en paz entre los brazos de Mónica, sentía que no había nada más fuera de ese lugar. Y sin embargo llegó la pregunta que le devolvió a la realidad:
-¿A qué le tienes miedo Roberto?
De la nada regresaron las memorias, en cuestión de segundos retrocedía años y kilómetros en busca del lugar donde perdió la honestidad de sentir. Rostros pasaban, promesas de olvidar ese momento y reemplazarlo con uno más agradable, las vendas se removían rápidamente causando un dolor más agudo del que pudiera recordar.
De pronto estaba de nuevo ahí, en ese pasillo de piso amarillo granito y paredes negras. La alberca volvía a verse desde aquél punto, justo detrás de la cancelería con marcos de color crema y el chapoteadero para los más pequeños. En el lado opuesto a todo aquello estaban las escaleras, tan graves con sus paredes oscuras que parecían alargar el corto trayecto. De nuevo, la psicóloga lo miraba desde lo alto de los escalones como juzgándole con sólo verlo. Ante Abigail no era más que un pequeño niño inexperto.
-Roberto, ¿me puedes decir por qué escribiste esto?
loveletter3 Ante sus ojos veía aquella carta, la primera que escribiera con verdadero sentido e intención de hacerlo. Mientras la redactaba no pensó en otros ojos más que en los de ella, al releerla dejó de lado la intensidad de lo que había escrito para buscar el valor de verdad que tenía. Parecía un mensaje con dos únicos destinatarios, la honestidad que en mucho tiempo no volvería gracias a las duras y definitivas palabras:

-¿En verdad te sientes atrapado?… No está bien que te sientas así… Estás muy chico para escribir estas cosas… deja de pensar eso.

Negado a admitir lo que había escrito, no tuvo opción más que dejar la carta de lado y abandonar con ella las muestras de cariño inesperado. Predecible y metódico se volvió su destino, no permitiendo al azar el buen camino designar sobre el gusto de un corazón desentendido.
Así permanecía en medio de todos solitario, en un acercamiento falso que no daría más fruto que la frivolidad de un trato pretendido. Como la apariencia de sus muebles, era un envoltorio soberbio y vacío que con la luz se hacía digno, pero no por ello comprendido.

31 de diciembre de 2009

Placer peligroso (II)

El único problema es que no era ella. Mónica, su prometida, estaba en ese momento guardando cama a unas cinco horas de ahí. “No dejes que nadie te eche el ojo” - le dijo al final de su visita el día anterior - “Recuerda que el anillo de tu madre está en este dedito que ves aquí”.

“Pues mira que yo no me dejo, pero aquí no sólo hay ojos, sino hasta un dedito que me llama a ir.” pensó el angustiado ingeniero Solís. Seguro esto era idea (y vaya que fue buena) de alguno de sus queridos invitados de honor. Una vez que el creía la guerra ganada, se le presentaba la última batalla, el arma secreta de la muy respetable sociedad local, engañosamente provinciana: un escándalo del encargado del Complejo arruinaría la reputación del pequeño y de su padre, derribándolo más rápido de lo que cualquier explosivo podría. Pero no, no les iba a dar ese gusto.

¿O tal vez sí?

Pasaron las horas y a pesar de enfrascarse en las conversaciones de los hombres influyentes, de encargar al mesero la mitad de la carta de bebidas y de bailar incluso con la SEÑORITA Dolores, no logro despegarse de la atractiva y misteriosa invitada. Los inquisidores miembros de la sociedad se fueron retirando en lo que consideraban ya una fiesta “incontrolable” y la desconocida le acechaba como si fuera el momento de su llegada. Quizá la señorita no estuviera pagada y en verdad se había prendado del flamante ingeniero, después de todo el evento era en honor del edificio que en tiempo récord (descontando los días de  paro obligados) había construido. Total, ya a esas horas y con tantas copas encima como él, nadie podría recordar nada a la mañana siguiente.

Inocente, se dirigió al extremo desde donde podía observarse el conjunto de jardines y fuentes del patio posterior, un punto que el sabía era difícilmente visible desde la explanada. Un par de bocanadas de aire y la famosa mujer estaba de pie a un lado suyo.

- “ Así que la damita decidió buscar esta noche un ingeniero joven y afamado al que conquistar ¿no?”

- “Se te olvido humilde y caballeroso.”

-“Cierto, cierto, eso también. Pero dime, ¿Por qué de pronto acercarse al centro de la fiesta? ¿Querías fotos? ¿Rumores? Todo eso a esta hora y en este lugar ya son imposibles, me temo que lo que ves es lo que hay, aunque al parecer para ti es más que suficiente.”

-“¿Hace cuánto que no estas enamorado? Haces demasiadas preguntas cuando en realidad, por como estás y en donde estás, ya no te interesa saber la respuesta.”

-“¡Ah!… mmm… ¡Ya…..!

lustFue lo último que el ingeniero  pudo pronunciar antes de ser devorado pasionalmente por su interlocutora. Tantos años de creer conocer el beso francés para que en unos segundos conozca eso y lo que le sigue. Manos, roces, suspiros y demás “formalismos” propios del acto se sucedieron rápida y abundantemente. Vio luces, pero no sabía si eran reales o producto de sus sueños volviéndose repentinamente realidad. Adrenalina mezclada en un coctel de hormonas que incluso la ebriedad le cortó: Era un placer desconocido y agresivo, intrusivo y apabullante. La definición de lo no definido, el placer peligroso que siempre imaginó pero nunca había conocido. El anillo de su madre podía quedarse en el dedito a cinco horas de ahí, aquí tenía un par de manitas que salieron más traviesas que todo el cuerpecito enfermo al que pertenecía.

Qué sucedió después es irrelevante, de alguna manera u otra regresó a su casa, abrazó a su prometida, anunciaron el compromiso a sus respectivos padres a la mañana siguiente y después de poco más de un mes, se disponía a casarse. Hasta ese día, no había vuelto a saber de la desconocida abusadora a la que creyó conocer como Malena, pero uno nunca sabe: Tal vez y sólo tal vez, durante el “que hable ahora o calle para siempre” haga su aparición la tentadora indomable para reclamar la infidelidad del candidato a marido. Quizás hasta un par de fotos lleve, quizás quiera demostrar su acusación en vivo… ¿Sobreviviría a eso el incipiente “señor”? De no hacerlo aguantaría al menos hasta la parte de la demostración…

La primera estaba desprevenido, recuerdo menos de la mitad, pero esta vez con la familia, la prometida y el templo de testigos… ¿Cómo se sentirá?

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Una vez probado el fruto del pecado es muy difícil dejarlo de tomar.

Placer peligroso (I)

Luego de varios meses de planeación y preparativos, la construcción del Complejo Tecnológico había terminado. Tras limpiar los espacios que iban a ser lugar del evento, se ofrecía una fiesta de coctel para todas aquellas ilustres y renombradas personalidades del ámbito social local: Inútiles varios con grandes sumas de dinero y cuya pobre opinión ha forjado más de una reputación. De modo que el objetivo era claro, las autoridades municipales y estatales deseaban presentar a su joven vástago de dos hectáreas en sociedad.night

Dentro de los protocolos de semejante frivolidad, era imposible que el Ingeniero Raúl Solís, responsable de la obra, pudiera escapar. Estaba condenado por alrededor de seis horas a sonreír a todas aquellas personas que hace tan sólo un par de meses le habían impedido consumar el proyecto de tantas maneras como les fuera posible: A Don Ramiro de León, el presidente de la Asociación de Control Forestal que nada más enterarse del proyecto, mandó a cientos de acarreados a amarrarse a toda planta que pasara su cintura dentro del terreno; Doña Carolina Sigüenza, secretaria del Grupo de Papelerías Unidas que interpuso no una, ni dos, sino tres demandas contra la construcción por considerarla “una amenaza latente para el desarrollo económico del sector papelero en la ciudad”; la SEÑORITA Dolores Santos, amiga de “Doña Caro” que intentó detener la obra cuando literalmente se tiró frente a una excavadora, con la misma técnica de los futbolistas novatos, alegando atropellamiento. Pasó también Carlos Matamoros, el del tráfico de drogas entre los trabajadores; Anita de la Rosa, la supuesta violada por los veladores; Lucía Alvarado, la que mandó a robar las herramientas y cables de cobre; Omar Centeno, que mandó a cortar las tomas de agua y el muy querido Raulito Mendoza, el tocayo que alegó desvío de recursos y lavado de dinero.

ella Parecía que la lista de invitados se había terminado cuando en el fondo de la explanada que presenta al complejo una silueta provocadora y femenina apareció. Impecable era aplicable sólo para referirse a su etiqueta y atuendo: bajo estos formalismos propios de la “celebración” se escondía muy superficialmente un cuerpo de perdición y encanto. Una extraña mezcla de elegancia e indecencia, con su mirada a medio descubrir y sus labios color carmesí era el centro de atención de los honorables “caballeros” que la rodeaban.

Como era de suponerse, el veneno no se hizo esperar. Miradas furtivas y susurros dispersos le rodeaban como a alguna princesa de cuento le rodearan los pajarillos. Qué si su escote era muy grande, su tacón muy alto, su apariencia demasiado exuberante… nimiedades que las (en público) muy costumbristas damas de sociedad lanzabas ferozmente en un intento de derrocar a la desconocida de su pedestal. ¿Pero cómo atacar a quien no tiene identidad? Nadie daba con su nombre o procedencia, pareciera sacada de la tierra, una ninfa perdida en la noche fresca que el verano amable prodigaba.

No fue necesario mucho tiempo para reconocer que quien fuera, iba tras el Ingeniero Solís. Nada más abrirse la pista de baile, buscó (o mejor dicho tomó) algún hombre joven y bien parecido que le sirviera de pretexto para tentar más de cerca al jefe de obra con su cadera hipnotizante y ritmo cadencioso. Pieza tras pieza rondaba por la mesa de honor, mirando de reojo a Solís como una leonesa observa a su presa. Tal fue su descaro que en uno de sus movimientos más incitadores, el alcalde, sentado a un lado le preguntó: “¿Es acaso tu novia? Vaya que esta enamorada, esa manera de mirarte no deja nada a la imaginación.”

21 de diciembre de 2009

La naturaleza de la humanidad, perdida.

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Son las 5 de la tarde en Estocolmo y desde las residencias del centro Wenner-Gren, Halster contempla el frío haz solar desvanecerse en el horizonte. Como de costumbre, las horas de espera se vuelven eternas, y las ganas de hacer algo diferente a recordar memorias se desvanecen.

Estando en uno de los complejos de desarrollo científico más prestigiosos de la capital sueca desde su fundación hace 70 años, con la posibilidad de llenarse de tanta información como le fuera humanamente posible y la oportunidad de servir a una de las múltiples necesidades que la crisis global produjeron desde hace un tiempo, simplemente se dedica a reflexionar sobre su dilema personal. Pensaría en lo egoísta y mundano de su proceder sino fuera porque su mente no corresponde ya a la de un hombre joven y soñador como debiera, sino más bien a la de un pensador liberado de las cargas sociales y preso de los sentimientos que lo vuelven humano.

Desde hace 3 años sirve a la Dra. Janna Svendsen, una brillante científica que ganó su renombre al lograr tele transportar una piedra eliminando la decoherencia cuántica. Fanática de desafiar las ideas clásicas de la mecánica cuántica, suele pasar la mayoría del tiempo en su laboratorio, regresando a su departamento sólo para comer, cambiarse o pagarle a Halsten por sus servicios. A pesar de ello el joven empleado se esfuerza en hacerle esos breves momentos agradables, a menudo sorprendiéndola con platillos casi tan buenos como los que hace 30 años existían o preparando proyecciones de los antiguos paisajes naturales.

Es increíble que haya estudiado seis años en ciencias cuánticas para terminar de mayordomo.

Al principio pensó que con el pasar del tiempo, la relación de confianza iría fortaleciéndose y eventualmente la acompañaría al laboratorio a participar de sus experimentos. No obstante en lo que llevaba con ella, había logrado volverse un amigo de confianza que solo veía ocasionalmente.

Y así soy la persona a quien más frecuenta.

Parecía que estuviera absorta en un juego de infinita creatividad, misterio y acertijos. Era como si cada ensayo fuera un lienzo que con la sucesión de procedimientos fuera llenándose de pinceladas, formando un paisaje cuya belleza sólo ella podía apreciar.

Sólo así me explico que llegue radiante de felicidad y me transmita toda su alegría con su sonrisa amable y su humor sencillo…

O tal vez haya otra explicación…

Hurgando en un bazar de libros en Östermalms Saluhall encontró un viejo libro titulado “Why we love”. Según la autora, existían evidencias científicas y lógicas para probar, reconocer y producir el amor. Divertido por lo fantástico de la oferta, lo leyó y en menos de lo que esperaba ya se encontraba aplicando lo aprendido con la mujer más próxima: su jefa.

Así, lo que empezó por diversión se convirtió en una verdadera trampa. Poco a poco fue perdiendo el apetito y el sueño, se fue olvidando de su desarrollo profesional o la relación con su lejana familia. Se concentraba en derrochar toda su vitalidad y energía en las breves visitas de Janna, por demostrarle cuán apto era para estar con ella, por darle muestras indirectas de su compromiso, fidelidad y atracción con la esperanza que las descubriera de repente en medio de sus experimentos.

Tal vez así ella tome el teléfono de pronto y escuche esas frases que tanto han resonado en mis sueños:

“¿Qué sientes? ¿En verdad me quieres?”

Sin embargo debía ser realista, aquélla no era precisamente la época de la dominación masculina. Alguien de su género y posición estaba en clara desventaja al intentar conquistar a una mujer como la Dra. Svendsen. Con su exhaustiva preparación y perspicaz personalidad era un símbolo de la nueva posición de la mujer. Líder, dueña, activa: sus emociones seguían presentes pero eran controladas. Aún cuando llegara a sentirlo, la incapacidad de dedicarle tiempo a una relación personal y la justificación de una sólida trayectoria no le permitirían volverse así de vulnerable ante un hombre, que de buenas a primeras, no mostraba más que una intensa obsesión y buenas intenciones.

“No sé lo que quiero” sería la respuesta más probable.

La pregunta era clara: ¿Seguir o no? De entregarse podría revivir un sentimiento casi extinto desde que el hombre agredió al clima. Podría traer el pensamiento de la arcaica autora que afirmaba que aún en un millón de años más, el amor sería lo que siga moviendo a la humanidad. Podría salvar la emoción más básica que se puede dar entre un hombre y una mujer. En sueños incluso imaginaba que podía renovar la fuerza que sostuvo a la sociedad.

De negarse se salvaría de ser un ingenuo soñador. Reconocería como todo el mundo que los tiempos han cambiado, y con ello muchas de las tradiciones de los tiempos antiguos. La naturaleza que tanto tiempo se preservó se daría una vez más por perdida. Podría evitar un daño innecesario, podría aprovechar su tiempo en el crecimiento de los bienes del alma, convenciéndose que aquello y no algo más es el mejor juicio.

stockholm night

Podría salvarse él y dejar morir al mundo, u ofrecerse en sacrificio e intentar salvar lo que queda de  Humanidad.

En cualquier momento Janna regresaría, abriría la puerta y saludaría de la manera en que siempre lo hace. Para entonces la simulación de un claro de bosque tropical debía inundar la habitación como el ardor de su adicción llena su corazón.

O un sencillo saludo y una sonrisa ligera, cubriendo el hueco de una akrasia que finalmente se extinguió.

13 de diciembre de 2009

Mágica renovación

maison

Usualmente no era común que asistiera a muchas reuniones sociales, pero esta vez, por alguna razón quiso aceptar. En algún rincón de su imaginativa mente se aventuró la ilusión de un escenario peculiarmente distinto. Atractivo.

Así, eran las 11 de la noche y en los alrededores de la mansión Canterville se respiraba un aire fresco y enervante. Habrá quienes digan que hacía frío, pero más bien era una energía diferente la que esa noche rodeaba al evento. Con toda la pomposidad de su tiempo, carrozas tiradas por bríos caballos arribaban regularmente. En ellas iba la acomodada aristocracia inglesa, jóvenes en su mayoría: eran la incipiente semilla de la revolución liberal que científicamente se ampararía.

En una de ellas iba William. Hombre joven de semblante adusto y trato afable. Dominaba una amplia variedad de temas que hacían de su plática un disfrute especial para sus amistades, las cuales sin embargo, eran limitadas. No obstante, su fama solía precederle en muchos de los círculos a los que se aventuraba. Aquélla noche, su llegada fue anunciada por más que los emisarios apostados en el recibidor. Por alguna razón su presencia no era indiferente, por más discreta que él así la quisiera hacer. Tal vez ser de los cinco primeros en la línea de sucesión real tenía sus privilegios.

Así pues, al entrar se cruzó con multitud de personajes ilustres. Después de todo aquella reunión no era más que una oportunidad para fortalecer las relaciones sociales. Cruzó palabra con algunos de ellos, sonrió ante las jóvenes que sin duda le tenían admirado, y dejo ir su vista un par de ocasiones ante cierta dama recién llegada que le observara de reojo.

No podía negar que lo estuviera disfrutando, sin embargo no era este el tipo de goce por el que había venido. Con el paso de tiempo la sensación de vacío fue dibujando un rostro de anhelo incontenido.

Fue durante el baile que su perspectiva cambio completamente. Entre la multitud de parejas había una mujer que sin remedio ni intención cautivó su mirada. Más allá de su belleza, de la cual sin duda gozaba, era su baile lo que le hipnotizaba. Colocándose en una situación de improvisada simpatía, William quiso  descubrir como sería bailar con ella. Imaginándose ser el acompañante que con ella estaba, le fue siguiendo en su marcha acompasada y tras un par de piezas, su excesiva atención pareció hacer que la flamante musa se disculpara y se retirara de la pista de baile.

Sin dudarlo, la siguió. Sabía que no debía perderla de vista. Era esto lo que había pensado, la ilusión que ingenuamente llenó su corazón de esperanza y su mente de divagaciones. Escaleras, habitaciones y pasillos oscuros siguiendo su silueta, su cabellera, su rostro que de cuando en cuando volteaba, incitándolo pícaramente…

garden

Salieron al jardín de la propiedad, y la fría atmósfera no hizo más que renovar las fuerzas de ambos.

- ¡Espera!

- ¿Quién eres? ¿En verdad me quieres?

Esa frase resonó profundamente en la mente de William, produciendo una suerte de déjà vú que le  trajo recuerdos… más no eran suyos.

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Sólo unos metros más adelante y tras los árboles que protegen a la mansión del viento provinciano, un estanque tenuemente iluminado se prestaba de santuario para el momento por ambos conocido. Justo ahí, la misteriosa doncella lo vio de nuevo, y en sus ojos se reflejó la profundidad de una mirada mucho más penetrante que las que tuvo al llamarlo.

De nuevo los corazones en su conjunto sintieron ese brinco de amor recién fecundo.

Temeroso y absorto se acercó a ella. A un lado del invernadero que miraba al estanque calmo. empezó un diálogo por mucho tiempo esperado:

-Eres tú.

-¿Cómo puedes estar tan seguro?place

- Por qué sin pensarlo ni conocerte lo puedo dar todo, con la certeza de saber que guardas la mitad complemento del sueño perfecto.

- ¿Y si decido que no eres el indicado?

- Habré desmentido un sueño tonto y obsesivo. Una fantasía que sirvió mucho tiempo y ofreció aire a un mundo en aprietos, pero que al final es solo eso, un sueño.

- ¿Aún sin saber mi nombre puedes amarme? ¿Y qué hay de mi forma de ser, mis memorias y metas, mis sueños y problemas? ¿Cómo te sujetas a un montón de aire que caprichoso te puede abandonar a tu suerte?

- El aire es un soplo que puede dirigir navíos grandes o inspirar mentes brillantes. Si con el tiempo logro conocerte y desentrañar la persona que se esconde en cada uno de esos diarios actos banales, si encuentro el significado de la sonrisa que tu boca dibuja en este instante y descubro que en esencia es justamente la calma iluminada de un amplio horizonte, entonces podré decir “te amo”.

Lo demás fueron asuntos de los que sólo la naturaleza fue testigo. La noche terminó, la fiesta siguió su curso, los nobles que en esa ocasión desfilaron se hicieron viejos y murieron, pero la promesa de un amor joven y creciente perduró en todos esos instantes: como arma para un mundo indefenso, como joya de un destino indefinido.

3 de diciembre de 2009

Secreto rejuvenecimiento

Con el frío invernal que cruza de extremo a extremo el bosque, todo ha cobrado un tono pálido, recordando más las épocas pasadas. Cada tronco y rama, cada nido y hojarasca, todo es parte de su sueño. ¿El dueño? Un muchacho joven y ordinario, de mente soñadora y espíritu intranquilo. Un vástago inmaduro de muchas o pocas palabras, según sea el caso. Un joven llamado Leonardo.forest dawn

Deambula entre los árboles que a la luz del atardecer cobran tonos cálidos y embelesantes. Tan sólo anoche oyó la voz cautivadora que ahora lo acurruca. La encuentra entre el silbido del viento por las hojas: lejana aún, pero a menor distancia. Un sueño tan intenso que ha perdido noción cuándo esta dormido o despierto.

Es como si ya hubiera sucedido: todo cuanto percibe y hace, parece producto de un libreto por alguien más escrito. Al vivir, recuerda y al soñar, despierta. Si en esa ilógica noción hay locura, será entonces que la razón más alta llega aún después de la cordura.

Sabe que lo que hace es equivocado, que su camino es maldito y criticado. En su pueblo parientes y amigos le han advertido, pero ni el peligro profundo del bosque inhóspito, le hacen retroceder y dejar de buscar la fuente de su deseo.

Desde algún rincón oculto del paraje, la creatura le susurra “'¿Quién eres?” “¿En verdad me quieres?”. Sólo con esas frases él la sigue. Sin más fuerza que las propias de su cuerpo, ni más soporte que el de un corazón crédulo, Leonardo atraviesa áreas tupidas y claros desiertos. Ciego en los ojos, pero claro en el sentimiento, no teme a la muerte que signifiquen su confusión y exilio.

Sabe quién lo llama aunque no la haya visto. Sus ojos y facciones son desde siempre conocidos, y más que un encuentro busca una visita. Una vez que lo ha aceptado todo, el muchacho imagina que esto no es más que la continuación de un tiempo muy lejano. Una época donde no reinaban los humanos, ni la vida tenía tanto sufrimiento.

Este tipo de evento para ser extraño debe ser ajeno. Sin embargo encuentra en cada rincón la mirada esquiva de la que de antaño ha sido su musa. Pareciera que en aquel entonces mítico y olvidado, la pareja dejó huellas de su conocimiento, y así,  cuando sus recuerdos se hayan desgastado, la fragancia, la vista y el tacto conocidos les refrescarán el romance de curso inacabado. birds Los pájaros, al volar, dibujan el trazo del viento que los rodeaba al encontrarse. Los rayos del sol, cual amanecer solemne, devuelven a la memoria el júbilo de un amor puro en un mundo impecable. Cuando todo era nuevo y la melodía recién adquiría su nombre, las notas se conjugaron en singular compás para dejar entre el follaje la canción secreta de los enamorados.

Siendo quien es, se siente diferente. Con la presencia en mente de aquél ser, brota de nuevo la verdadera naturaleza de Leonardo, la que está cautiva en el cuerpo y mundo humanos. De pronto, ya no responde a más conceptos del hombre, ni a los pocos saberes que en este tiempo se han redescubierto.

Anda así por largo rato, convertido en algo diferente, hasta que en la orilla de una ladera inclinada ve de nuevo a la siempre joven y bella: a la mujer y a la niña. 

En ese momento el tiempo se congela, la brisa se detiene y ese instante que comprende una parte insignificante del cosmos pleno, se vuelve lleno e importante. Nada ni nadie en todo el mundo pudo ser indiferente al impulso de los corazones contentos. Una vez más, luego de varios milenios, el amor se ha renovado, y como marca el relato, la naturaleza ha sido su seno.

30 de octubre de 2009

Nueva ronda de medianoche

Cálidos acordes que liberan a la mente del varón y la dejan ir en busca de sus más grandes deseos. Un reflejo multicolores desde donde conversa consigo mismo: Su charla es amplia, completa y envolvente. De entre su variedad de temas, hay una sola cautiva que permanece constantemente: la mujer.

Con su canto que desentierra recuerdos, ideas, momentos... Con imágenes y supuestos, intrigas y dobles sentidos. La semblanza perfecta de las curvas, que con la ternura más sublime de la que la mano sea capaz, suavemente se pueden recorrer.

Un ensueño perdido en borrosas imágenes: Copiosas se amontonan en el umbral de una ventana del alma, como gotas de un deseo inacabado que resbalan por no poder entrar.

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A pesar de la cercanía convenida, la distancia de las verdaderas personas se puede volver grande. En el desgaste de una marea cotidiana y rutinal, el deslave provoca olvido o acentuación.

¿Y qué es lo que siento?

La arena que se mantiene siempre alzada impide ver el verdadero fondo de la playa…

Si tuviera la suerte de un día verte despertar, podría admirar los ojos que aún torpes del sueño luchan lentamente por regresar. Vería quién eres antes de encarar la vida y estoy casi seguro de encontrar la misma expresión perdida e intrigante con la que te sueles enfrascar.

Si te viera en la cuna de la casa que nos vio crecer, podría contar historias interminables y contemplar extasiado la visión imaginaria que produzcan tus cuentos perpetuos. Si aún sobre eso no me aíslo por la saturación que de ti me quede en cada poro, sabría que es más que una emoción.

Si a la luz de una luna efímera pudiéramos dar la nueva ronda de medianoche, con caricias fundidas en un roce físico y espiritual… Si el entendimiento superara lo entendible y lograra la comunión perfecta que tanto se ha hecho anunciar, sabría que el momento de ser y vivir ha llegado de la mano de quien menos lo hubiera esperado, toda vez que en tus defectos está el juicio de mi más imperfecta humanidad.

Si este sueño no se acaba y el que termina es mi raciocinio, habré fulminado en un proceder calmo el rastro de un yo alterno y ajeno. Seré quien no conozco y quien tal vez quiera ser.

22 de octubre de 2009

El Sueño

Estaba en su trono el Creador contemplando ya el final de su obra. Dentro de la amplitud de las llanuras verdes y refrescantes retozaban toda clase de animales, brotaban las flores más exquisitas y vibrantes. En las cristalinas aguas, que lavaban de a poco las vírgenes costas, se mecían lentamente las ramas de las palmeras que con paso manso se inspiraban a bailar un son aún por inventar. Las montañas en su profundidad y silencio comenzaban a reposar su jornada milenaria, mientras un águila valiente y solitaria surca velozmente el horizonte que las divide.

Así se divirtió por unos instantes, disfrutando con los sentidos que habría de heredar y con otros más que sólo Él posee. Luego una idea más surgió con toda su fuerza.

Coloquemos pequeñas historias.

Trozos de verdad con resultados completos que sepan a verdades inconclusas. Relaciones intrigantes que hagan las delicias de las inmaduras mentes que intentaran en vano escudriñarlas. Una historia que encierre claves de un mundo mejor, en la sencillez de un momento banal y pasajero.

Así tomo dos pequeñas almas, las unió y en presencias de ambas comenzó a contar la historia que habrían de cumplir.

Tú serás el protector y previsible, el sujeto en quien recaigan los usos y costumbres de un mundo gastado y rutinario. El defensor lógico y natural de las tradiciones y las formas. Sucesor último de una cadena de hombres formados a base de sudor y empeño. Tendrás la llave, tendrás el marcaje, pero deberás descubrirlas poco a poco al salir de tu encierro. Tendrás todo el apoyo que de mí dependa para lograr tu cometido y permitir en tu ínfima existencia un poco más la llegada de mi Hijo. La única pista que te daré para comenzar tu recorrido será un sueño.

Y entonces se dirigió a su par, que impasible esperaba en su otra mano.

Como botón de rosa al inicio de la primavera, serás simple, en una apariencia que sin engaños ni pretensiones reflejará esmero, cuidado y tranquilidad. Frágil en estructura, pero fuerte en esencia.

De ti será la sobriedad en el trato, en las formas y modos de contestar y reaccionar. Inquietante modo de ser que le hará interesar. Las mismas facciones que el costumbres quedarán encerradas, encontrarán en tu persona la verdadera manera de ser realizadas.

Risa, alegría y facciones risueñas que volarán al viento de un sencillo entretenimiento. Ese será el canto que en ecos oirá tu mitad perfecta y con el que llegará a encontrarte. Aún en tu presencia necesitará de él, pues en ella esta la primera de las razones por las que te habrá de admirar.

Con un talento prometedor en cualquiera de las artes que en tu imaginación inagotable aparezcan, las magnitudes serán de tales dimensiones que sólo podrá rendirse ante tu grandeza ingeniosamente contenida.

Fin de su camino, en ti llegará al culmen de su ardua formación en fuego y piedra. Mayor meta no logrará en su vida, pues en ella queda contenida la vitalidad para lograr la misión para la que fue concebido.

Perdidos vagarán en busca de un significado que intencionalmente les ha sido arrebatado, y en la medida que sus habilidades por mí otorgadas les permita, llegarán a la respuesta.

Las volvió a mirar por última vez, antes de liberarlas en el ancho mundo que su omnisciencia había producido. Lejos al inicio, con el paso de las eras se acercan lentamente, hasta que llegue el día en el que se encuentren y con ello comiencen el sutil plan para una mejor vida.

Más eso, al parecer aún no sucede.

gens

12 de julio de 2009

Es una vez (II)

Luego de unos días de silencio y retiro absoluto, propios a sus inclinaciones monásticas, decide tomar la pluma y escribir una nueva misiva, un diálogo claro y directo en donde explique e invite.

A la media noche del día siguiente se acerca sigilosamente a la aldea con las 7 copias que usualmente distribuye por todo el pueblo, en sus calles y rincones más tranquilos. Aún fresca, la última copia es puesta en el borde de una fuente de profundas aguas azules y blancos remates. Dentro se lee el siguiente mensaje:

Es así que te doy pueblo mío, la respuesta a la intención errónea que de mis escritos te has formado. Tras reflexionar días y noches sobre los diálogos que indirectamente hemos sostenido y las formas sutiles de las que me he valido, he entendido que cada cuento no se puede relatar sin tener un principio.

Por ello es que aquí repongo ese inicio tácito que a tus interpretaciones ha faltado:

Sabrás que siendo uno de tus hijos, vi como tus fuerzas caían ante las de los desastres que te aquejan, y como los usos y tradiciones que tanto te representan pasan desapercibidos por tu quehacer cotidiano. Quise hablarte, pero en mis palabras no existía la presencia de tus nobles y sacerdotes. Es por ello que me investí la máscara y salí a tu encuentro en una nueva forma.

Con cuentos y fantasías susurré las posibilidades de tu suerte, pinté de a poco las escarpadas veredas que a tu paso se presentan y en ello busqué siempre iluminar la vía con la esperanza que de tu esfuerzo nace.

Más el problema de todo predicador no es gritar más fuerte, sino escuchar más quedo. Sin un mensajero intermediario me es imposible conocerte y regalarte las palabras que en verdad te alienten, los pasajes claros y directos que descubran los oscuros misteriosos y que al final nos permitan conocer el destino que a la relación entre un ermitaño y su aldea le depara.

Si lo escribo es porque no tengo miedo a ser honesto.

Si no lo predico es porque solo se haría más público de lo necesario.

Si en ocasiones la pluma se apasiona es porque en las palabras, la intensidad se pierde y solo la tragedia la ensalza.

A la mañana siguiente, una niña que alegre canta es la primera en encontrar la séptima y última copia. Avisa a sus padres y estos a sus vecinos hasta que las copias restantes son halladas. Luego que la misiva se difunde en cada casa y en cada calle, el silencio cubre al pueblo.

A la distancia el ermitaño contempla el calmo paisaje y como sus antiguos vecinos se pregunta: “¿Enviarán al mensajero?”

pueblooriginal

Es una vez (I)

The harijanVillageHamed Saber Sucede que en una aldea sureña los habitantes llevan una vida dura por las aspiraciones que de antaño tienen. Cada día el jefe de la comunidad les impone pesadas tareas que pese a las complicaciones y sacrificios que requieren, terminan siendo una satisfacción para los pobladores durante los pocos momentos de descanso que tienen al llegar el verano y el invierno.

Es tal la concentración y el esfuerzo de los pueblerinos que pocas veces se percatan de lo que en los alrededores sucede. Por ello es frecuente que eventos inesperados usualmente contravengan las intenciones de los lugareños.

Uno de sus habitantes más jóvenes se da cuenta de esto y decide retirarse a las cercanías de su pueblo para advertir de los sucesos antes de que logren un daño sobre el esfuerzo de su querida villa. Cuando hace esto, sus amigos y conocidos suponen que se ha cansado de la vida en el lugar y ha decidido irse a donde pueda ser el mismo.

En los días siguientes pequeñas historias aparecen en los rincones de la comunidad. Pergaminos que cuentan historias metafóricas y rimbombantes sobre la aldea y sus orígenes, su camino, sus opciones. Usualmente son colocadas por el joven y novato ermitaño en lugares tan escondidos y despoblados que solo son leídos cuando uno de los pobladores cree ver una sombra escabulléndose luego de dejar el pergamino. Más ya sea por el estilo de la redacción o lo extremadamente familiares que les resultan las anécdotas que cada vez más personas buscan encontrarse con alguno de esos pergaminos sorpresa de los que, ahora se sabe, hay varias copias.

Es así como esas historias con la atención que reciben se hacen objetivo de críticas. Parece ser que en opinión de su autor, todo lo que vislumbra en el futuro de la aldea son duras y amargas experiencias. Sucesos imprevisibles, logros obstaculizados, en esencia un mal agüero. Es latente el reclamo de un pueblo que exige la presencia del escriba, más al estar en sus diarias ocupaciones, les es imposible salir en su búsqueda.

El joven ermitaño que siempre busca permanecer al tanto de cuanto sucede y aflige a su querida aldea, conoce la queja y sorprendido por la demanda, decide retirarse largo tiempo a reflexionar sobre su modo de proceder.