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| (CC) Johan31000/Flickr |
25 de noviembre de 2011
Mi dueño
14 de noviembre de 2011
Búsqueda existencialista
Era cerca de la medianoche y como desde hace pocos días, la brisa mecía las hojas del árbol que justo frente a su ventana obstruían tanto su visión como la poca luz que de la lámpara pública llegaba.
Recostado como estaba, era sencillo tener un vistazo de sus vecinos. Probablemente una habitación oscura con persianas entre abiertas era muy poco intimidante como para esconderse. De cualquier manera, ese mundo entre rendijas poco le importaba. Casi al mismo tiempo en que llegó el viento que mece a las ramas afuera había decidido dejar de pensar en todo lo terreno. Había decidido dejarse a la suerte de su propio sentido; esa noción existencialista que le ofrecía libertad y autonomía únicamente a cambio de su humanidad (pues el alma no era en ese aspecto bien que pudiera ponerse a la venta). En cierta manera era un «todo incluido» de grandes beneficios que tenía el pequeño inconveniente de un precio en extremo ambiguo.
Tal vez por esa decisión la recámara desprovista tanto de objetos como de colores hacía buen juego. En su desnudez neutra las paredes no eran más que un lienzo a la espera de un destello creativo, el fruto consumado de la libertad reveladora que no debe tributo a ser ni a hecho alguno. Él, en su soledad y extensión, mínima pero irreducible, era el artífice de toda razón y sentido: el director, el arquitecto, el rey, el dios.

