27 de julio de 2009

La Corte de los Tontos

perigeux

Imagen por Mr.Jesce Photographer

Con el paso de las épocas siempre existen relatos perdidos, trozos de historia que por temor o por vergüenza la gente prefiere ocultar. Hubo una época en la que reyes, caballeros y castillos dominaban los paisajes boscosos de Europa. Feudos en los que un solo hombre poseía el control de objetos y personas por igual. Más no en todos los lugares era así: Sucede que en una aldea al sur de Francia, se vivía una realidad diferente.

Ahí el señor feudal, desde lo alto de su castillo, dominaba el valle donde su villa, aún sin nombre, crecía lenta pero vigorosamente. Como cualquier noble, exigía un tributo a sus vasallos, que ellos sin ningún problema podían satisfacer. La verdadera autoridad ahí era un consejo de pobres mendigos sin más poder que el de su locura y sus especiales habilidades. Eran la Corte de los Tontos.

Sus miembros se reunían cada primera noche de luna llena en un establo para discutir los asuntos de la villa mientras trenzaban las crines de los caballos que montaban. Curiosamente sus ideas siempre se cumplían gracias a sus “habilidades”: Uno, el fuerte, nada más gruñir todos le obedecían. La más joven de ellas, tenía una belleza tal, que no había aldeano (o guardia) que se negara a cumplirle sus caprichos. Otro de los hombres, era el ladrón perfecto, y es que tenía una astucia tal que pareciera que la víctima de sus crímenes fuera él. El otro hombre gozaba de una popularidad entre los habitante que ni su apariencia, ni sus nulas posesiones y logros justificaban, pese a ello nadie le negaba ayuda y atención. La presidenta era el caso más interesante de todos, pues ella sería una pueblerina común y corriente de no ser por su locura y por una suerte monumental que desde recién nacida la ha acompañado.

Una de tantas noches, la corte se reunió a deliberar sobre temas de suma importancia como lograr que una gallina recorriera la villa entregando pequeños recados y paquetes (aunque nadie supiera leer). Claro, el problema estaba en la dificultad de la gallina por recordar que calle ya atravesó y cuál no. Además su agenda consideraba dictaminar el procedimiento para terminar con una amistad. Fue este tema, más que el de la gallina, el que consumió el mayor tiempo de esa noche.

-“¿Pero para qué quieres terminar una amistad?” preguntó el popular. “¿Acaso te ha resultado demasiado caro saludarle en las mañanas?”

-“No creerás que siempre acertamos en nuestras elecciones con personas ¿o si? ¿Qué tal si las cosas no resultan como se pensaban?” dijo el astuto.

-“¿Tan pronto hablando de tus experiencias?” Dijo la bella. “Espera a que lleguemos a tu ajuste de cuentas con el mercader.”

-“¿Pero quién ha hablado algo sobre objetos?” respondió. “Aquí lo que sucede es que simplemente una persona…”

-“Que no eres tú” dijo la suertuda irónicamente.

-“Si claro, que no soy yo, ha decidido que es mejor alejarse de otra.” terminó el astuto.

-“No sea que después le acuse…” susurró la bella.

-“¡Que no he sido yo!”

-“Bien, que no has sido tú, la causa poco tiene que ver con la forma. ¿Ideas?” preguntó la presidenta.

-“¿Que soy el único que cree que un golpe zanja el asunto?” gritó el fuerte mientras arrancaba unos cabellos de su pobre caballo.

Todos menos la bella respondieron “Sí” , razón por la cual tras miradas sorprendidas incluso del fuerte, se hizo un largo silencio hasta que la presidenta dijo:

“Alguien dígale al tabernero que necesitamos algo de vino, con un barril será suficiente… ¿Alguien ya trenzo medio caballo?”

Luego de medio barril consumido, las ideas menos violentas comenzaron a surgir.

-“Bueno, ¿y si solamente le dejara de hablar? Tal vez tuvieras que evadirle un poco, pero ¿qué mas da?” dijo el popular.

-“¡Claro! y así acompañas a la gaallinaaaa en su recorridooo jajaja eso es mejor que mi ideaa del golpeee admiteloooo”

-“¡Bah! ¿Y también me hago su amigo no?”

-“¡Perfecto, noooo se diga máaas: Caso cerradooooo! ¿Pero qué es esto? Oooh… perdón caballitoooo, ahi va un pocooo de alcohoool para que no duelaaaaa… Eey pero no todoooo…. ¡Malditaa bestiaaa!”

-“Yo sugeriría que inventaras una de tantas historias que usas para escapar. Si quieres puedes involucrarme a mí como una amante celosa que no soporta esa amistad, seguro que lo cree”

-“¿A sí? ¿Y de que clase de amante estamos hablando?”

-“¡Una que no puedes tocar!”

-“¡Pero así nadie lo creerá!”

-“Mmmm… es cierto, olvídalo. Jajajaja Además hay un guardia que seguro te quisiera asesinar si se enterara…”

-“Nah… ¡sigue trenzando!”

-“¡Lo tengo! Simplemente dile que no la quieres ver más y omítela. Si vuelve a aparecer o llamar, ignórala, inventa mil pretextos, trátala como si fuera recaudador de tributo. ¿Que más da? ¡Estas loco! ¿Lo ven? Una buena trenza nunca falla”

-“Y luego por qué nos llaman tontos…”

-“¿Qué has dicho?”

-“Que por esas ideas eres la presidenta”

Al final fue lo que hizo el astuto, fue a la puerta trasera del castillo y le dijo a la esposa del señor feudal que no quería verla de nuevo, no importa cuantas tierras o poder le prometiera.

23 de julio de 2009

Dilemas de cubierta

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Ilustración con imágenes de mikebaird y Paulo Brandao

Luego de unos meses de haber zarpado, los días transcurrieron en un constante y monótono azul dúo tono. Con brisas que van y vienen, nubes dispersan o amenazan y una inmensidad que siempre intenta devorar la propia identidad: Un puñado de hombres que se lanzan a la vastedad de un mar intercontinental.

No es descabellado pensar con un ambiente anímicamente tan árido como el desierto, que los débiles de espíritu son tan vulnerables como quienes no soportan las condiciones extremas de un clima intransigente y provisiones limitadas. Allende las aguas muchas historias han quedado inconclusas, relatos interrumpidos que pertenecen a cada uno de los tripulantes, fuentes de fuerza y coraje o de angustia y vacilación. Si algún tipo de magia pudiera revelarlas, seguramente serían más de dos barcos navegando.

Es así como cada tarde luego de realizar sus tareas diarias, los minutos transcurren lentamente entre los marinos que en la cubierta divagan entre sus pensamientos, el ron y los juegos de azar. Sobre de ellos, observándolos junto al timón, el capitán piensa también en sus propias memorias, alejadas en el muelle del que hace unos días partió.

Podría esperar a regresar de altamar y pretender que con su viaje el tiempo en la tierra de detiene, que el dinamismo del momento no desaparecerá y que al regresar el cabildeo y lisonjas que ingenua y oblicuamente ha hecho le permitirán lograr sus sinceros deseos.

Más el canto de las sirenas por la noche le invadía, llenando su camarote de dudas y supersticiones. Murmullos vagos como premoniciones susurran un cambio de planes. Un oficial de su talla y rango dispone de múltiples ofertas, hasta ahora rechazadas por un fiel juramento de lealtad a un ideal que, de unos días acá, se ha mostrado esquivo.

¿Me estoy lanzando a la búsqueda de un tesoro que no existe?

¿Será momento de mirar a otro lado?

¿Estarán surtiendo efecto los embrujos del océano calmo y solitario?

15 de julio de 2009

Cambalache retro

Sol, árboles y nubes,

vistas que dominan el paisaje.

Iglesias, historias y creencias,

cuentos que me hacen escapar.

Trenzas, sonrisas y niñas,

mezcla única y surrealista.

Aquí, ahora y allá,

un recuerdo dividido en dos.

aventura

12 de julio de 2009

Es una vez (II)

Luego de unos días de silencio y retiro absoluto, propios a sus inclinaciones monásticas, decide tomar la pluma y escribir una nueva misiva, un diálogo claro y directo en donde explique e invite.

A la media noche del día siguiente se acerca sigilosamente a la aldea con las 7 copias que usualmente distribuye por todo el pueblo, en sus calles y rincones más tranquilos. Aún fresca, la última copia es puesta en el borde de una fuente de profundas aguas azules y blancos remates. Dentro se lee el siguiente mensaje:

Es así que te doy pueblo mío, la respuesta a la intención errónea que de mis escritos te has formado. Tras reflexionar días y noches sobre los diálogos que indirectamente hemos sostenido y las formas sutiles de las que me he valido, he entendido que cada cuento no se puede relatar sin tener un principio.

Por ello es que aquí repongo ese inicio tácito que a tus interpretaciones ha faltado:

Sabrás que siendo uno de tus hijos, vi como tus fuerzas caían ante las de los desastres que te aquejan, y como los usos y tradiciones que tanto te representan pasan desapercibidos por tu quehacer cotidiano. Quise hablarte, pero en mis palabras no existía la presencia de tus nobles y sacerdotes. Es por ello que me investí la máscara y salí a tu encuentro en una nueva forma.

Con cuentos y fantasías susurré las posibilidades de tu suerte, pinté de a poco las escarpadas veredas que a tu paso se presentan y en ello busqué siempre iluminar la vía con la esperanza que de tu esfuerzo nace.

Más el problema de todo predicador no es gritar más fuerte, sino escuchar más quedo. Sin un mensajero intermediario me es imposible conocerte y regalarte las palabras que en verdad te alienten, los pasajes claros y directos que descubran los oscuros misteriosos y que al final nos permitan conocer el destino que a la relación entre un ermitaño y su aldea le depara.

Si lo escribo es porque no tengo miedo a ser honesto.

Si no lo predico es porque solo se haría más público de lo necesario.

Si en ocasiones la pluma se apasiona es porque en las palabras, la intensidad se pierde y solo la tragedia la ensalza.

A la mañana siguiente, una niña que alegre canta es la primera en encontrar la séptima y última copia. Avisa a sus padres y estos a sus vecinos hasta que las copias restantes son halladas. Luego que la misiva se difunde en cada casa y en cada calle, el silencio cubre al pueblo.

A la distancia el ermitaño contempla el calmo paisaje y como sus antiguos vecinos se pregunta: “¿Enviarán al mensajero?”

pueblooriginal

Es una vez (I)

The harijanVillageHamed Saber Sucede que en una aldea sureña los habitantes llevan una vida dura por las aspiraciones que de antaño tienen. Cada día el jefe de la comunidad les impone pesadas tareas que pese a las complicaciones y sacrificios que requieren, terminan siendo una satisfacción para los pobladores durante los pocos momentos de descanso que tienen al llegar el verano y el invierno.

Es tal la concentración y el esfuerzo de los pueblerinos que pocas veces se percatan de lo que en los alrededores sucede. Por ello es frecuente que eventos inesperados usualmente contravengan las intenciones de los lugareños.

Uno de sus habitantes más jóvenes se da cuenta de esto y decide retirarse a las cercanías de su pueblo para advertir de los sucesos antes de que logren un daño sobre el esfuerzo de su querida villa. Cuando hace esto, sus amigos y conocidos suponen que se ha cansado de la vida en el lugar y ha decidido irse a donde pueda ser el mismo.

En los días siguientes pequeñas historias aparecen en los rincones de la comunidad. Pergaminos que cuentan historias metafóricas y rimbombantes sobre la aldea y sus orígenes, su camino, sus opciones. Usualmente son colocadas por el joven y novato ermitaño en lugares tan escondidos y despoblados que solo son leídos cuando uno de los pobladores cree ver una sombra escabulléndose luego de dejar el pergamino. Más ya sea por el estilo de la redacción o lo extremadamente familiares que les resultan las anécdotas que cada vez más personas buscan encontrarse con alguno de esos pergaminos sorpresa de los que, ahora se sabe, hay varias copias.

Es así como esas historias con la atención que reciben se hacen objetivo de críticas. Parece ser que en opinión de su autor, todo lo que vislumbra en el futuro de la aldea son duras y amargas experiencias. Sucesos imprevisibles, logros obstaculizados, en esencia un mal agüero. Es latente el reclamo de un pueblo que exige la presencia del escriba, más al estar en sus diarias ocupaciones, les es imposible salir en su búsqueda.

El joven ermitaño que siempre busca permanecer al tanto de cuanto sucede y aflige a su querida aldea, conoce la queja y sorprendido por la demanda, decide retirarse largo tiempo a reflexionar sobre su modo de proceder.

3 de julio de 2009

Recuerdos implantados.

tu Donde el destino no ha logrado llegar, la imaginación aterriza fácilmente. Cortando de aquí y de allá se forman momentos con los que suspirar un poco más, como el puñito de arena que recuerda a la infancia.

Supongo que llega agosto, y con ello el momento de un reencuentro. Una sonrisa, tal vez un abrazo. La voz dulce e infantil que me hace sentir ese salto en el pecho. Ojos que se vuelven a cruzar, que tal vez se vuelvan a clavar. Una oportunidad entre todas esas horas de salir al mismo tiempo, de cruzar el mismo pasillo, de simplemente verte sola como ese día en mayo.

Tal vez bailar, tal vez hablar. Unas ganas de desmoronarme, de dejar de contenerme con un poco de impulso. Que más da ser un genio, que más da un poder inventado, solo quiero ser yo: el simple y mundano.

Así con el tiempo podré conocerte, explorar esas manos que con solo un roce me dejaron alterado. Verte soñando, verte riendo, calmar tus tensiones, divagar en tus dudas. Aún mandando, con tu voz fuerte me da un gusto tremendo.

Contar todo ese tiempo, observando cada detalle, reír por solo verte, soñar que ahora todo es posible… La fantasía sobrepasa al sueño. Si tan solo fuera posible, pero el miedo de que no suceda, la fuerza de una carga que se opone, el pensar que estoy marcado. Será mejor hacerme a un lado.

Pero y si así ha de ser esto, ¿por qué no dejarlo? ¿por qué seguirte buscando? ¿por qué llevarte en la mente? ¿por qué luchar en vano?

Porque creo que te encontré. Porque en este mundo de duras verdades y crueles mentiras, esa sonrisa tuya me hace creer que en verdad existe todo en cuanto he creído y soñado.

Si lo leyeras, si lo supieras, si en un fantástico momento surgiera ese recuerdo implantado…