26 de febrero de 2010

Porqué odio los medios caminos.

Es una emoción que no es y sin embargo está presente. Un continuo vigilar lo que oficialmente ya no es interesante, viendo de reojo el lugar a veces vacío, a veces complaciente. Una aceptación de términos tácitos y poco definidos que excusan la obra y omisión. Me encuentro pues en la ambigüedad de un espacio que no es hostil ni amigo, sino incesantemente lleno y vacío.

Es como andar a la deriva en un mundo lleno de irregularidades y aires densos, perdiendo la noción que distingue el exterior del propio cuerpo. En un sinsentido de avance y retroceso que a veces se siente ampliamente inmenso y otras abrumadoramente estrecho. Es como armar la jaula de oro con barrotes de deseos, metas y recuerdos: voluntariamente se alzan las paredes, se renuncia a las salidas y se atan los grilletes, deseando que mantengan sobrio el ambiente por demás incierto. El encierro intenta ser pues un refugio que proteja del daño que acecha en cada rincón, a pesar de que a veces carezca de efecto. Tan grande como para seguir siendo su reo, tan pequeño como para intentar salir al mar abierto.

No puedo negar el dolor de evadir, eludir y escapar por caminos ajenos que siguen sin llevar a un punto estable y fresco.

Racionalmente conozco el sendero y las piedras que niegan el destino, pero a base de análisis públicos que poco a poco perdieron el sentido, he llegado a la conclusión que no hay mejor opción a permitir que la intuición retome el protagonismo. En el fondo de los ojos, asomándose en los breves instantes de espionaje, destellan palabras tristemente contenidas por culpa de un daño siempre presente en varias formas.

Así pues, en medio de un mundo cansado de las virtudes y enamorado de los vicios, pretende lanzarse un tradicional hijo ilusionado y perdido. Aún a merced del peor de los engaños, el hecho de entregarse sin temer, valiente y decidido, le valdrá la calma y el concilio.

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17 de febrero de 2010

nOtA aCLArAtOrIa

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bcn5 Son las 8 de la noche en el barrio de Grácia. Por las carrers angostas y oscuras deambulan más motonetas ruidosas que personas. Siendo una urbe tradicionalmente nocturna, Barcelona en realidad despierta a un “día” más de existencia. Los forns y comercios cierran sus puertas y las cruces luminosas del farmacéutico brillan como improvisadas estrellas de un cielo moderno. Ahí, caminando sin rumbo fijo y con mirada perdida va Adrià.

Anda por passeigs y dobla en las esquinas, pasa locutorios y atraviesa avenidas. Los balcones y ventanas de los altos y antiguos edificios disminuyen lentamente la saturación de pensamientos de la misma manera que absorben la luz del sol por la mañana. Divaga disfrutando del recorrido tanto como de sus ideas. Explora lentamente las posibilidades, los nuevos caminos, pinta el futuro con trazos delgados y tenues, como queriendo dirigirlo pero no manipularlo. Sin duda la composición es compleja, la paleta está cargada, pero con un poco de pericia hasta del mayor caos se obtiene la calma.

Tal vez en el exceso de recursos encuentre la simpleza, pudiera intentar dirigir el curso de una turba enloquecida en un flujo de fuerza encaminada, quizá las circunstancias jueguen de su lado, a lo mejor el paso del tiempo le ha favorecido y en un arranque de originalidad y buen atino dice las palabras adecuadas en el momento adecuado: Estar presente en el lugar exacto para mostrar el perfil correcto. Pudiera existir la posibilidad de que el cielo que tras los gigantes de muros se asoma, sea más una invitación a perseguir el sueño y no una cruel broma… En su labios se insinúa una sonrisa que en su inocente recorrer cuánto cubre la mirada, encuentra su abrupta muerte.

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Frente a él, a poco más de una cuadra de distancia, están Josep y Llucía envueltos en un abrazo. Ella recarga su cabeza en el hombro de él para luego dejar que la imite. En silencio y con los ojos cerrados, respiran seguros en la calidez de sus emociones aflorando. Con un gesto espontáneo, ella voltea hacia el cuello de él. Él la conforta en los brazos y vuelven a abrazarse como reposando la energía, atesorando el momento. Un encuentro repentino que detiene el agitado ritmo surge en medio del caos de sus vidas.

Inmóvil contempló toda la escena, como quién busca comprender algo que de inicio le interesa aunque poco o nada entienda. Se fijó en cada detalle, cada caricia, encontrando la verdad que desde hace poco se insinuaba. Quizá todo se explicara con un engaño, un falso escenario que sirva de capa a la realidad encubierta, evitando así los problemas y fricciones. Después de todo, al verlos de lejos todo parecía funcionar perfectamente, sin la adición innecesaria que tanto había provocado. Tal vez el destino está escrito aún cuando sus protagonistas lo nieguen y desconozcan. El anhelado escenario que fútilmente intentó ser recreado fluía de manera natural entre ellos, y si de alguna manera él intervenía, era con el silencio y reposo que guardaba.bcn6

Silencio y reposo…

Aunque el detalle en sus labios le atrajera, debía de pasarlo desapercibido.

A pesar del placer en la cadencia, debía formar en su rostro la indiferencia.

Sobre el abrazo que quisiera debía reinar la compostura.

A la conversación profunda se debe imponer la ansia muda.

Silencio y reposo que todo lo olvidan.

Tomó un respiro, miró hacia el cielo que cruel reía y siguió su paseo. A medida que avanzaba las calles se volvían más oscuras, las estructuras más altas y el vacío que llevaba afectó su fuerza pero aligeró la carga. Casi al acabar el recorrido por el barrio, es decir, cuando su decisión llegaba a sus últimas consecuencias, se encontraba sereno y con la voluntad presta. Complacer el deseo (aunque sea ajeno) que en origen precede y en importancia supera, debe ser la clave para evitar los diarios pleitos y la fricción que le aqueja.

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10 de febrero de 2010

Definición de causa

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En esas veces en las que no me hallo, cuando luego de mil intentos la calma no vuelve y entre las sombras de lo que fueron obligaciones, se alza victoriosa la flama de una pasión naturalmente humana, he encontrado poco a poco los indicios para al fin definir lo que llevaba tiempo queriendo describir.

Te extraño en las pláticas vanas, las frases inconclusas, las iniciativas clonadas, en todo lo que niega la existencia de lo que eres prueba. La ingravidez de una mirada perdida  en contraste con otra que la busca: En la diferencia de criterios puede haber riqueza más allá de la que la coincidencia pueda imaginar.

¿Quién más puede cuestionar? ¿Quién más reflexiona? ¿Quién más de la manera más sutil y atenta enfrenta una palabra con otra dejando que la razón vestida de arte defina lo que es cierto? De las peleas han surgido los sueños; de la completa oposición, el conocimiento, y antes de que creas que es masoquismo, recuerda el ritmo de un lento pero constante acoplamiento.

En la línea que divide en mí lo común de lo extraño, la misma que divide lo que todos conocen y en lo que tú te aventuras, se inició el conocimiento del que tú aseguraste soy el mayor dueño. Más nadie había encontrado sin ayuda la esencia cambiante de mi yo interno, dejándote libre el mismo título que algún día, ahora probablemente lejano, me otorgaste tras breve recuento.

Porque no hay nadie que conjugue en manera similar la mezcla exacta de imaginación, tradición, reflexión y entusiasmo, logrando enervar mente y sentidos hacia un plano más amplio y agradable, donde no se exigen divisiones ni reglamentos sino un deseo de construir aún a pesar del propio sustento: Cuando el alma se libera de las ataduras que le impone el cuerpo y se inspira a ser transformada en un diálogo que debiera ser eterno.

Más de la nube que llega la dicha llega también el dulce tormento: Aún sabiendo el fallido destino de mi causa y lo inútil de mis exiguos esfuerzos, permanezco en la esperanza de lograr conocerte de manera completa, inmersa en el verde del paraje donde la mariposa alza el vuelo; en la tinta que desborda la profundidad de tus pensamientos y en la calma de la casa acuartelada que alberga el mismo recuerdo. O bien, si otra no fuera la forma, conocer el camino para parar todo el suceso, borrar de la mente las memorias y alzar la vista a un panorama nuevo, seguramente más vacío e incompleto.

6 de febrero de 2010

Vida paralela

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En algún lugar de este inmenso universo la vida de Roberto no es tan complicada como hemos podido ver. En otro espacio y otro tiempo él vive feliz y tranquilo en su pueblo natal a orillas de un lago. Ahí pasó su niñez y adolescencia, habiéndose convertido en un joven adulto de carácter afable y sinceridad completa. Pasa los días en las labores del campo, sembrando maíz y transportando lo que el pueblo crea necesario.

camp3 De vez en cuando Gerardo le acompaña en su viaje hacia el mercado más cercano, turnándose con él el manejo de la camioneta. Ruidosa pero aguantadora, se ha convertido en la eterna aliada de Roberto para todas sus obligaciones y encargos. Aún así, cuando Gerardo la maneja, disfruta del viento jugando su cabello y la resolana que le envuelve cálidamente en medio de un típico cielo despejado.

camp6Uno de aquellos días, el más afortunado de ellos, encontraron en su visita al mercado a una tierna capitalina llamada Julieta. Perdida entre los puestos que miraba maravillada, no tardaron en trabar conversación gracias a las elaboradas prendas en lana y algodón que ofrecían. Luego de convencerla que realmente eran las mujeres del pueblo quienes las confeccionaban, tuvieron que acceder a llevarla a conocer a tan habilidosas artesanas.

A partir de aquel momento las visitas de Julieta al pueblo se volvieron frecuentes pero cortas, como breves espacios de inusual diversión donde la vida de Roberto cambiaba. Visitaban cada casa, recorrían cada calle y merodeaban por el lago en busca de esa pizca de tradición mezclada con originalidad que ella tanto buscaba. Luego de otro intento fallido de descubrir el hilo negro en ese mágico lugar, regresaban al mercado en la vieja camioneta, a veces en la cabina, a veces en la carga, dependiendo de las ganas de Gerardo por acompañarlos.camp4

Sucedió que un día Gerardo tenía prisa por llegar al mercado a recoger un arbolito de higo que su madre había encargado y decidió hacer el trayecto de hora y media en treinta minutos. Sin aviso convirtió aquello en un viaje loco, peligroso, arriesgado y divertido. Roberto y Julieta, que iban en la carga, se vieron de pronto en una especie de juego mecánico sin cinturones ni asientos. Brincaban, patinaban, chocaban, iban y venían: Entre risas y bromas jugaban como niños pequeños sentados en el hielo. En uno de esos deslices Roberto abrazó a Julieta y como copilotos de un pequeño bólido, simularon manejar su propio auto en medio del resbaloso medio.

- Iuuuuuuuuuuun…. iuuuuuuun… jajajaja

- ¡A la derecha, a la derecha! ¡No espera vamos a chocaaaar!

-¡Iiiiiiiiiiiiii! jejeje ¿Creías que te iba a dejar chocar?

-¡Cerca! ¡Ahora al otro lado! ¡Ahora si nos vamos a embarrar!

- ¿Viene suicida la niña eh? jajaja

- Jajajaja

En ese momento volteó hacia Roberto, y el suspiro por más pequeño que haya sido, fue imposible de ignorar. Ahí en medio del verde campo, jugando en una camioneta y con ella entre los brazos, se encendió la chispa que llevaba un tiempo queriendo explotar. Fue tan natural: ella acercó sus labios, él la reflejó en los suyos y el primer beso (además de una roca descomunal) los hizo volar. Siguieron riendo, siguieron jugando, más alegres y en un auto más compacto.

Luz en el vacío

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loft2A la mañana siguiente el silencio invadía la totalidad del departamento. Los muebles soberbiamente diseñados y elegantemente dispuestos combinaban con los rayos de luz matinal que entraban por los ventanales. Sólo el barullo de los autos cuarenta pisos más abajo le recordaba que estaba vivo.
En la cama Roberto yacía absorto y meditabundo. A ratos recordaba la escena de hace tan sólo unas horas: Tranquilo y en paz entre los brazos de Mónica, sentía que no había nada más fuera de ese lugar. Y sin embargo llegó la pregunta que le devolvió a la realidad:
-¿A qué le tienes miedo Roberto?
De la nada regresaron las memorias, en cuestión de segundos retrocedía años y kilómetros en busca del lugar donde perdió la honestidad de sentir. Rostros pasaban, promesas de olvidar ese momento y reemplazarlo con uno más agradable, las vendas se removían rápidamente causando un dolor más agudo del que pudiera recordar.
De pronto estaba de nuevo ahí, en ese pasillo de piso amarillo granito y paredes negras. La alberca volvía a verse desde aquél punto, justo detrás de la cancelería con marcos de color crema y el chapoteadero para los más pequeños. En el lado opuesto a todo aquello estaban las escaleras, tan graves con sus paredes oscuras que parecían alargar el corto trayecto. De nuevo, la psicóloga lo miraba desde lo alto de los escalones como juzgándole con sólo verlo. Ante Abigail no era más que un pequeño niño inexperto.
-Roberto, ¿me puedes decir por qué escribiste esto?
loveletter3 Ante sus ojos veía aquella carta, la primera que escribiera con verdadero sentido e intención de hacerlo. Mientras la redactaba no pensó en otros ojos más que en los de ella, al releerla dejó de lado la intensidad de lo que había escrito para buscar el valor de verdad que tenía. Parecía un mensaje con dos únicos destinatarios, la honestidad que en mucho tiempo no volvería gracias a las duras y definitivas palabras:

-¿En verdad te sientes atrapado?… No está bien que te sientas así… Estás muy chico para escribir estas cosas… deja de pensar eso.

Negado a admitir lo que había escrito, no tuvo opción más que dejar la carta de lado y abandonar con ella las muestras de cariño inesperado. Predecible y metódico se volvió su destino, no permitiendo al azar el buen camino designar sobre el gusto de un corazón desentendido.
Así permanecía en medio de todos solitario, en un acercamiento falso que no daría más fruto que la frivolidad de un trato pretendido. Como la apariencia de sus muebles, era un envoltorio soberbio y vacío que con la luz se hacía digno, pero no por ello comprendido.