31 de diciembre de 2009

Placer peligroso (II)

El único problema es que no era ella. Mónica, su prometida, estaba en ese momento guardando cama a unas cinco horas de ahí. “No dejes que nadie te eche el ojo” - le dijo al final de su visita el día anterior - “Recuerda que el anillo de tu madre está en este dedito que ves aquí”.

“Pues mira que yo no me dejo, pero aquí no sólo hay ojos, sino hasta un dedito que me llama a ir.” pensó el angustiado ingeniero Solís. Seguro esto era idea (y vaya que fue buena) de alguno de sus queridos invitados de honor. Una vez que el creía la guerra ganada, se le presentaba la última batalla, el arma secreta de la muy respetable sociedad local, engañosamente provinciana: un escándalo del encargado del Complejo arruinaría la reputación del pequeño y de su padre, derribándolo más rápido de lo que cualquier explosivo podría. Pero no, no les iba a dar ese gusto.

¿O tal vez sí?

Pasaron las horas y a pesar de enfrascarse en las conversaciones de los hombres influyentes, de encargar al mesero la mitad de la carta de bebidas y de bailar incluso con la SEÑORITA Dolores, no logro despegarse de la atractiva y misteriosa invitada. Los inquisidores miembros de la sociedad se fueron retirando en lo que consideraban ya una fiesta “incontrolable” y la desconocida le acechaba como si fuera el momento de su llegada. Quizá la señorita no estuviera pagada y en verdad se había prendado del flamante ingeniero, después de todo el evento era en honor del edificio que en tiempo récord (descontando los días de  paro obligados) había construido. Total, ya a esas horas y con tantas copas encima como él, nadie podría recordar nada a la mañana siguiente.

Inocente, se dirigió al extremo desde donde podía observarse el conjunto de jardines y fuentes del patio posterior, un punto que el sabía era difícilmente visible desde la explanada. Un par de bocanadas de aire y la famosa mujer estaba de pie a un lado suyo.

- “ Así que la damita decidió buscar esta noche un ingeniero joven y afamado al que conquistar ¿no?”

- “Se te olvido humilde y caballeroso.”

-“Cierto, cierto, eso también. Pero dime, ¿Por qué de pronto acercarse al centro de la fiesta? ¿Querías fotos? ¿Rumores? Todo eso a esta hora y en este lugar ya son imposibles, me temo que lo que ves es lo que hay, aunque al parecer para ti es más que suficiente.”

-“¿Hace cuánto que no estas enamorado? Haces demasiadas preguntas cuando en realidad, por como estás y en donde estás, ya no te interesa saber la respuesta.”

-“¡Ah!… mmm… ¡Ya…..!

lustFue lo último que el ingeniero  pudo pronunciar antes de ser devorado pasionalmente por su interlocutora. Tantos años de creer conocer el beso francés para que en unos segundos conozca eso y lo que le sigue. Manos, roces, suspiros y demás “formalismos” propios del acto se sucedieron rápida y abundantemente. Vio luces, pero no sabía si eran reales o producto de sus sueños volviéndose repentinamente realidad. Adrenalina mezclada en un coctel de hormonas que incluso la ebriedad le cortó: Era un placer desconocido y agresivo, intrusivo y apabullante. La definición de lo no definido, el placer peligroso que siempre imaginó pero nunca había conocido. El anillo de su madre podía quedarse en el dedito a cinco horas de ahí, aquí tenía un par de manitas que salieron más traviesas que todo el cuerpecito enfermo al que pertenecía.

Qué sucedió después es irrelevante, de alguna manera u otra regresó a su casa, abrazó a su prometida, anunciaron el compromiso a sus respectivos padres a la mañana siguiente y después de poco más de un mes, se disponía a casarse. Hasta ese día, no había vuelto a saber de la desconocida abusadora a la que creyó conocer como Malena, pero uno nunca sabe: Tal vez y sólo tal vez, durante el “que hable ahora o calle para siempre” haga su aparición la tentadora indomable para reclamar la infidelidad del candidato a marido. Quizás hasta un par de fotos lleve, quizás quiera demostrar su acusación en vivo… ¿Sobreviviría a eso el incipiente “señor”? De no hacerlo aguantaría al menos hasta la parte de la demostración…

La primera estaba desprevenido, recuerdo menos de la mitad, pero esta vez con la familia, la prometida y el templo de testigos… ¿Cómo se sentirá?

wedding

Una vez probado el fruto del pecado es muy difícil dejarlo de tomar.

Placer peligroso (I)

Luego de varios meses de planeación y preparativos, la construcción del Complejo Tecnológico había terminado. Tras limpiar los espacios que iban a ser lugar del evento, se ofrecía una fiesta de coctel para todas aquellas ilustres y renombradas personalidades del ámbito social local: Inútiles varios con grandes sumas de dinero y cuya pobre opinión ha forjado más de una reputación. De modo que el objetivo era claro, las autoridades municipales y estatales deseaban presentar a su joven vástago de dos hectáreas en sociedad.night

Dentro de los protocolos de semejante frivolidad, era imposible que el Ingeniero Raúl Solís, responsable de la obra, pudiera escapar. Estaba condenado por alrededor de seis horas a sonreír a todas aquellas personas que hace tan sólo un par de meses le habían impedido consumar el proyecto de tantas maneras como les fuera posible: A Don Ramiro de León, el presidente de la Asociación de Control Forestal que nada más enterarse del proyecto, mandó a cientos de acarreados a amarrarse a toda planta que pasara su cintura dentro del terreno; Doña Carolina Sigüenza, secretaria del Grupo de Papelerías Unidas que interpuso no una, ni dos, sino tres demandas contra la construcción por considerarla “una amenaza latente para el desarrollo económico del sector papelero en la ciudad”; la SEÑORITA Dolores Santos, amiga de “Doña Caro” que intentó detener la obra cuando literalmente se tiró frente a una excavadora, con la misma técnica de los futbolistas novatos, alegando atropellamiento. Pasó también Carlos Matamoros, el del tráfico de drogas entre los trabajadores; Anita de la Rosa, la supuesta violada por los veladores; Lucía Alvarado, la que mandó a robar las herramientas y cables de cobre; Omar Centeno, que mandó a cortar las tomas de agua y el muy querido Raulito Mendoza, el tocayo que alegó desvío de recursos y lavado de dinero.

ella Parecía que la lista de invitados se había terminado cuando en el fondo de la explanada que presenta al complejo una silueta provocadora y femenina apareció. Impecable era aplicable sólo para referirse a su etiqueta y atuendo: bajo estos formalismos propios de la “celebración” se escondía muy superficialmente un cuerpo de perdición y encanto. Una extraña mezcla de elegancia e indecencia, con su mirada a medio descubrir y sus labios color carmesí era el centro de atención de los honorables “caballeros” que la rodeaban.

Como era de suponerse, el veneno no se hizo esperar. Miradas furtivas y susurros dispersos le rodeaban como a alguna princesa de cuento le rodearan los pajarillos. Qué si su escote era muy grande, su tacón muy alto, su apariencia demasiado exuberante… nimiedades que las (en público) muy costumbristas damas de sociedad lanzabas ferozmente en un intento de derrocar a la desconocida de su pedestal. ¿Pero cómo atacar a quien no tiene identidad? Nadie daba con su nombre o procedencia, pareciera sacada de la tierra, una ninfa perdida en la noche fresca que el verano amable prodigaba.

No fue necesario mucho tiempo para reconocer que quien fuera, iba tras el Ingeniero Solís. Nada más abrirse la pista de baile, buscó (o mejor dicho tomó) algún hombre joven y bien parecido que le sirviera de pretexto para tentar más de cerca al jefe de obra con su cadera hipnotizante y ritmo cadencioso. Pieza tras pieza rondaba por la mesa de honor, mirando de reojo a Solís como una leonesa observa a su presa. Tal fue su descaro que en uno de sus movimientos más incitadores, el alcalde, sentado a un lado le preguntó: “¿Es acaso tu novia? Vaya que esta enamorada, esa manera de mirarte no deja nada a la imaginación.”

Estado de Cuenta.

eve1

Pocos autos circulan en medio de una noche inusualmente tranquila. Es víspera de año nuevo. Como parte de sus efectos, la temporada pareciera haber sumido a la población entera en un estado de reflexión del que pocos han oído hablar. Así a través de calles y avenidas se logran ver escenarios tan diversos y contrastantes que no parecieran estar en la misma ciudad.

En una de las vías más importantes, una silueta vaga sin rumbo por la acera. El individuo, un estafador de fondos de retiro e inversión, tiene en estas horas un momento de franca soledad. Huérfano y soltero por necesidad, más no por gusto, depende de los intereses de otros para construir el suyo. Con que al menos una persona estuviera con él, su rostro reflejaría una sonrisa radiante y una felicidad fingida. Pero no está. Así, pasa perdido por escaparates y recibidores esperando que la noche termine prontamente.

De las muchas fachadas que cruza el afligido, sin duda la más imponente es la de la familia Medrano, acomodada e influyente estirpe reconocida como una de las más distinguidas de la sociedad. Desde fuera se perciben los espectaculares festejos que a propios y extraños hacen disfrutar. Sin embargo en uno de los balcones de la propiedad, la hija mayor Diana Medrano, se resiste a celebrar.

Vestida como amerita la ocasión, de coctel verde oscuro y satinado, acompañado de los accesorios pertinentes, parece una princesa que derrocha elegancia y dulzura. De pies a cabeza es toda una distracción para los jóvenes invitados que la miran con deseo y admiración. Más la luna ha salido llena y para la bella Diana no hay vida sin recordar su pena. En el verano, durante una visita a la costa brasileña, conoció a un muchacho llamado Ricardo. Luego de unos días de encuentros fortuitos, donde ella reía con las bromas ligeras y soñaba con versos susurrados, él la dejó decepcionado por su conveniente posición y acaudalada fortuna, que ella celosamente había mantenido ocultas. Desde entonces ningún pretendiente le había parecido tan atento y educado, desprendido y entregado, como su perdido Ricardo. Con el tiempo incluso, llegó a despreciar lo que sí tenía, y fue perdiendo el gusto por el calor de la familia.

Lejos del aquel balcón, pero también mirando a la luna, un apasionado reportero intenta disipar sus dudas. Luego de doce meses de crítica mordaz y dura, ha conseguido ser el corresponsal internacional para cubrir el nuevo conflicto armado en Georgia. Sabe de los beneficios que aquello tendrá para su carrera, pero ignora cómo es que logrará sobrevivir sólo, sin conocer la lengua y en medio de una guerra. Toda clase de situaciones problemáticas se dibujan en su mente, y ya sea por el fuerte criticismo que ha desarrollado o por el miedo que le provocan, no ve cómo salir airoso en alguna de ellas. Muchos desearían estar en su posición, algunos quizás más de lo que debieran. Pero él, el elegido para desempeñar la tarea, de pronto se desmorona ante la marea de incertidumbre y el anuncio de más penas. A pesar de todo, la maleta ya descansa a un lado de la puerta y su boleto lo espera solo en la mesa. Apenas tiene unas horas para reconciliar sus sentimientos antes de comenzar su empresa.

Sólo dos pisos más abajo, una joven ejecutiva se dedica a apaciguar su agitada vida. No es común que se tenga un tiempo libre en la esfera financiera, y cuando este ocurre, no se le debe tomar a la ligera. Incienso, música, luces tenues e incluso velas: Meticulosamente ha preparado el ambiente como si se tratara de la famosa cena. Más que el tiempo de familia, lo que quiere es un encuentro consigo misma. Es momento de sacar todos los sentimientos, pensamientos y nudos de garganta, hora de enfrentarlos con buena cara. En un mundo donde más que nada necesita seguridad e independencia, ese tipo de detalles sí que cuenta. Sólo después de esta noche, piensa, podrá decidir de entre todas las opciones, aquella que sea la correcta. Baila, canta, come, habla: de cualquier manera busca acorralar la verdadera Andrea.

Suena el teléfono, pero no contesta. Está noche solo está disponible para ella. Del otro lado de la línea Pedro, uno de sus pretendientes, se desilusiona al ver que no hay respuesta.

Intenta dos, tres y diez veces sin mejor suerte que en la primera. Luego se resigna y continúa con su faena. De pronto, a unas horas de terminar el día, ha descubierto abruptamente los errores que le acechan. Lo que aún no se explica es cómo ha podido ignorarlos hasta ahora. Problemas con su pareja, su negocio e incluso su vida misma; definitivamente los excesos deben su nombre a sus abundantes consecuencias. ¿Aún hay tiempo de enmendar la senda? Por las dudas, en un arranque de altruismo decide corregir lo que se pueda. Llamadas, arreglos, aguinaldos tardíos y una comida sana y completa: Dentro de todos sus delitos cupo el arrepentimiento, un mérito que quizás le absuelva…

Muchas otras historias se cruzan y se tejen en estas últimas horas que suelen ser para ello usadas. Por alguna extraña razón, el final de las cosas ejerce una presión en los humanos que ninguna otra fuerza logra. Más valiera a muchos prepararnos en el tiempo que para ello disponemos, y no correr al final desesperados a revisar nuestro estado de cuenta.

eve2

29 de diciembre de 2009

Restos en la recta final

bad sunset

Al igual que una jornada se apaga en los cálidos tonos de su atardecer, un año más termina en la calma de sus últimos días. Más que ser un resumen intenso de todo cuanto ha acontecido, pareciera el producto de un desgaste que ni el destino ha podido superar.

En él se acumulan trozos de los meses idos, obstáculos que impiden ver un más allá, un nuevo ciclo que tiernamente se empieza a gestar. Sólo recuerdos de los trágicos momentos, de las tristezas obtenidas, de los malos sucesos parecen agolparse en la mente de muchos, a los que la esperanza ha perdido.

¿Qué clase de futuro es el que decidimos tomar? ¿Para qué sugestionarnos con los fantasmas de golpes que ahora ya empiezan a sanar? ¿Por qué somos más exitosos en probar la vinagre y no la miel? ¿En dónde se ha perdido la intención de cómo niños soltar la imaginación y vivir la alegría de soñar?

Pareciera más bien que nos dejamos convencer de lo que nos han contado y vuelto a contar. Cómo si de pronto las fiestas hayan perdido todo motivo de ser alegres, por el hecho de ser fiestas austeras y de poco contacto (hoy en día menos de 100 personas es poco contacto). Cómo si toda creencia fuera una decepción y las bases de un credo se derrumbaran en los 50 segundos que un reportaje llega a durar. Pareciera que no hay más lugares ni personas en quien confiar. Los problemas y augurios de un porvenir inestable le dan más forma a nuestro mundo de lo que nosotros nos creemos capaces de darle.

Pareciera que todo un pueblo se ha cansado de luchar.

Recuerdo que antes, el optimismo era más grande  y se extendía más allá de las formas de afecto y las muestras de amistad. Recuerdo que se hacían planes para un mejor estado y se creía realmente que se pudieran alcanzar. Recuerdo que muy probablemente supiéramos menos, pero podíamos más. Como un niño pequeño que no conoce los límites que le pone su madre, sólo en su ausencia es como descubre hasta dónde puede llegar.

Entonces la víspera de año nuevo eran dulces esperando su relleno, y no los restos en la recta final.

nice sunset

27 de diciembre de 2009

Cuando ya nada es suficiente

alone 

En medio del exceso y la decadencia, una suerte de reacción despierta. Del mundo de capacidades que en un principio se tenían, quedan sólo los restos que la monotonía de un placer aparente ha dejado.

A medida que el amo se convirtió en esclavo, el alcance de sus fuerzas se fue agotando, sus talentos fueron poco a poco volviéndose torpes y burdos, y la visión para apreciar más allá de lo que ahora le domina se ha perdido.

De pronto, el éxtasis que le provocaba su objeto de deseo se ha ido. Con él, las ganas de permanecer en un lugar incitador pero lleno de inmundicia. Ya ni las más grandes y prohibidas aberraciones satisfacen su voraz apetito. Lo que en principio era bueno, se ha degenerado, no sin antes dañar a quién le dio principio. Llámalo amor, poder, creatividad o dinero: al final todo puede acabar en el mismo destino.

Cuando el débil prisionero intenta salir de la cárcel que se ha construido, sus brazos le traicionan, la mente se le nubla y el tiempo se vuelve interminable en ese encierro obligado. Más aún, la constante exposición a aquello que antes le agradaba y ahora le hiere, paralizan los escasos intentos de recapacitar. Sus sentidos, hartos de la interminable condena se han insensibilizado, en un intento de no despertar jamás.

Su droga no es suficiente, su fuerza no es suficiente, el espacio no es suficiente, la intención no es suficiente, ¿Cómo devolver la virtud y la vitalidad a un alma que en su propia libertad ha encontrado la fuerza que le someta?

He ahí una pregunta cuya respuesta podría encontrar la cura para las más humanas atrocidades y bajezas.

22 de diciembre de 2009

El Ruedo del Amor

rodeo amor

Es cuestión de ajustar los enfoques, de re categorizar los sentimientos y de aceptar las posiciones, en menos de lo que se espera encontraremos en el encuentro casual de una pareja una fiesta de brava de pasión.

Lleno de detalles y lujos, se prepara la plazuela donde se llevara a cabo la lidia. De entre los muchos escenarios, unos pueden ser más activos, más oscuros, más públicos o accidentados. En general son lugares de gran cupo, verdaderos recintos para gran cantidad de espectadores.

En otro tiempo las jornadas eran más sencillas, el caballero hacía las veces de un rejoneador y pese a lo burdo de la comparación, la dama era la bestia indomable que debía ser sometida. Más hoy en día los papeles se han vuelto difusos, las máscaras protegen identidades y permiten que tanto uno como otro sea cazador y cazado.

Cuando el varón toma la espada y el capote se convierte en héroe, en hombre. Se arma de valor, de fuerza, de orgullo, de alteza. En el intento de obtener la victoria, se enfrasca en la difícil tarea de intimidar y atraer a su doncella. Ropa ajustada, actitud territorial y dominante, breves afrentas con otros toreros que vayan en pos del mismo objetivo. Todo él, en estado y energía, se convierte en un constante ofrecer posición, protección, recursos, la comodidad y calma de una protegida que a cambio entregue fidelidad, ternura y la manera de perpetuar la descendencia.

Si la mujer es la que se alista a la faena, su mente confabula las más certeras y mortíferas armas con las que atacar a un hombre, su indefensa presa. Juegos, coqueteos, insinuaciones, invitaciones a un pecado que de solo imaginarlo incita a la rendición. Como si ello no fuera suficiente, tiene a su alcance un arsenal de estímulos visuales que confunden y excitan. Maquillaje, accesorios, perfumes y prendas. Todo un arte de seducción inmejorable que derrite las pupilas. Gracias al código de honor que entre ellas aún existe, toda su atención la centra en su elegido. Los ojos asientan la mirada en su objetivo, donde quiera que este se dirija y mueva.

Ambos luchan incansablemente, deciden su siguiente acción sobre la marcha, y dan al público un verdadero espectáculo que levanta insultos o alabanzas. Haciendo uso de cuanta habilidad dispongan, unos hacen muestra de su capacidad artística o su talento en oratoria. Unos crean artificios visuales que se imponen como luces pirotécnicas y otros conducen a su pareja en un baile que someta en el dulce ritmo de una canción romántica y amena.

Espectáculos románticos que encierran en la creatividad y el autenticismo la belleza de un amor que flamea joven en cada corazón.

21 de diciembre de 2009

La naturaleza de la humanidad, perdida.

stockholm

Son las 5 de la tarde en Estocolmo y desde las residencias del centro Wenner-Gren, Halster contempla el frío haz solar desvanecerse en el horizonte. Como de costumbre, las horas de espera se vuelven eternas, y las ganas de hacer algo diferente a recordar memorias se desvanecen.

Estando en uno de los complejos de desarrollo científico más prestigiosos de la capital sueca desde su fundación hace 70 años, con la posibilidad de llenarse de tanta información como le fuera humanamente posible y la oportunidad de servir a una de las múltiples necesidades que la crisis global produjeron desde hace un tiempo, simplemente se dedica a reflexionar sobre su dilema personal. Pensaría en lo egoísta y mundano de su proceder sino fuera porque su mente no corresponde ya a la de un hombre joven y soñador como debiera, sino más bien a la de un pensador liberado de las cargas sociales y preso de los sentimientos que lo vuelven humano.

Desde hace 3 años sirve a la Dra. Janna Svendsen, una brillante científica que ganó su renombre al lograr tele transportar una piedra eliminando la decoherencia cuántica. Fanática de desafiar las ideas clásicas de la mecánica cuántica, suele pasar la mayoría del tiempo en su laboratorio, regresando a su departamento sólo para comer, cambiarse o pagarle a Halsten por sus servicios. A pesar de ello el joven empleado se esfuerza en hacerle esos breves momentos agradables, a menudo sorprendiéndola con platillos casi tan buenos como los que hace 30 años existían o preparando proyecciones de los antiguos paisajes naturales.

Es increíble que haya estudiado seis años en ciencias cuánticas para terminar de mayordomo.

Al principio pensó que con el pasar del tiempo, la relación de confianza iría fortaleciéndose y eventualmente la acompañaría al laboratorio a participar de sus experimentos. No obstante en lo que llevaba con ella, había logrado volverse un amigo de confianza que solo veía ocasionalmente.

Y así soy la persona a quien más frecuenta.

Parecía que estuviera absorta en un juego de infinita creatividad, misterio y acertijos. Era como si cada ensayo fuera un lienzo que con la sucesión de procedimientos fuera llenándose de pinceladas, formando un paisaje cuya belleza sólo ella podía apreciar.

Sólo así me explico que llegue radiante de felicidad y me transmita toda su alegría con su sonrisa amable y su humor sencillo…

O tal vez haya otra explicación…

Hurgando en un bazar de libros en Östermalms Saluhall encontró un viejo libro titulado “Why we love”. Según la autora, existían evidencias científicas y lógicas para probar, reconocer y producir el amor. Divertido por lo fantástico de la oferta, lo leyó y en menos de lo que esperaba ya se encontraba aplicando lo aprendido con la mujer más próxima: su jefa.

Así, lo que empezó por diversión se convirtió en una verdadera trampa. Poco a poco fue perdiendo el apetito y el sueño, se fue olvidando de su desarrollo profesional o la relación con su lejana familia. Se concentraba en derrochar toda su vitalidad y energía en las breves visitas de Janna, por demostrarle cuán apto era para estar con ella, por darle muestras indirectas de su compromiso, fidelidad y atracción con la esperanza que las descubriera de repente en medio de sus experimentos.

Tal vez así ella tome el teléfono de pronto y escuche esas frases que tanto han resonado en mis sueños:

“¿Qué sientes? ¿En verdad me quieres?”

Sin embargo debía ser realista, aquélla no era precisamente la época de la dominación masculina. Alguien de su género y posición estaba en clara desventaja al intentar conquistar a una mujer como la Dra. Svendsen. Con su exhaustiva preparación y perspicaz personalidad era un símbolo de la nueva posición de la mujer. Líder, dueña, activa: sus emociones seguían presentes pero eran controladas. Aún cuando llegara a sentirlo, la incapacidad de dedicarle tiempo a una relación personal y la justificación de una sólida trayectoria no le permitirían volverse así de vulnerable ante un hombre, que de buenas a primeras, no mostraba más que una intensa obsesión y buenas intenciones.

“No sé lo que quiero” sería la respuesta más probable.

La pregunta era clara: ¿Seguir o no? De entregarse podría revivir un sentimiento casi extinto desde que el hombre agredió al clima. Podría traer el pensamiento de la arcaica autora que afirmaba que aún en un millón de años más, el amor sería lo que siga moviendo a la humanidad. Podría salvar la emoción más básica que se puede dar entre un hombre y una mujer. En sueños incluso imaginaba que podía renovar la fuerza que sostuvo a la sociedad.

De negarse se salvaría de ser un ingenuo soñador. Reconocería como todo el mundo que los tiempos han cambiado, y con ello muchas de las tradiciones de los tiempos antiguos. La naturaleza que tanto tiempo se preservó se daría una vez más por perdida. Podría evitar un daño innecesario, podría aprovechar su tiempo en el crecimiento de los bienes del alma, convenciéndose que aquello y no algo más es el mejor juicio.

stockholm night

Podría salvarse él y dejar morir al mundo, u ofrecerse en sacrificio e intentar salvar lo que queda de  Humanidad.

En cualquier momento Janna regresaría, abriría la puerta y saludaría de la manera en que siempre lo hace. Para entonces la simulación de un claro de bosque tropical debía inundar la habitación como el ardor de su adicción llena su corazón.

O un sencillo saludo y una sonrisa ligera, cubriendo el hueco de una akrasia que finalmente se extinguió.

13 de diciembre de 2009

Mágica renovación

maison

Usualmente no era común que asistiera a muchas reuniones sociales, pero esta vez, por alguna razón quiso aceptar. En algún rincón de su imaginativa mente se aventuró la ilusión de un escenario peculiarmente distinto. Atractivo.

Así, eran las 11 de la noche y en los alrededores de la mansión Canterville se respiraba un aire fresco y enervante. Habrá quienes digan que hacía frío, pero más bien era una energía diferente la que esa noche rodeaba al evento. Con toda la pomposidad de su tiempo, carrozas tiradas por bríos caballos arribaban regularmente. En ellas iba la acomodada aristocracia inglesa, jóvenes en su mayoría: eran la incipiente semilla de la revolución liberal que científicamente se ampararía.

En una de ellas iba William. Hombre joven de semblante adusto y trato afable. Dominaba una amplia variedad de temas que hacían de su plática un disfrute especial para sus amistades, las cuales sin embargo, eran limitadas. No obstante, su fama solía precederle en muchos de los círculos a los que se aventuraba. Aquélla noche, su llegada fue anunciada por más que los emisarios apostados en el recibidor. Por alguna razón su presencia no era indiferente, por más discreta que él así la quisiera hacer. Tal vez ser de los cinco primeros en la línea de sucesión real tenía sus privilegios.

Así pues, al entrar se cruzó con multitud de personajes ilustres. Después de todo aquella reunión no era más que una oportunidad para fortalecer las relaciones sociales. Cruzó palabra con algunos de ellos, sonrió ante las jóvenes que sin duda le tenían admirado, y dejo ir su vista un par de ocasiones ante cierta dama recién llegada que le observara de reojo.

No podía negar que lo estuviera disfrutando, sin embargo no era este el tipo de goce por el que había venido. Con el paso de tiempo la sensación de vacío fue dibujando un rostro de anhelo incontenido.

Fue durante el baile que su perspectiva cambio completamente. Entre la multitud de parejas había una mujer que sin remedio ni intención cautivó su mirada. Más allá de su belleza, de la cual sin duda gozaba, era su baile lo que le hipnotizaba. Colocándose en una situación de improvisada simpatía, William quiso  descubrir como sería bailar con ella. Imaginándose ser el acompañante que con ella estaba, le fue siguiendo en su marcha acompasada y tras un par de piezas, su excesiva atención pareció hacer que la flamante musa se disculpara y se retirara de la pista de baile.

Sin dudarlo, la siguió. Sabía que no debía perderla de vista. Era esto lo que había pensado, la ilusión que ingenuamente llenó su corazón de esperanza y su mente de divagaciones. Escaleras, habitaciones y pasillos oscuros siguiendo su silueta, su cabellera, su rostro que de cuando en cuando volteaba, incitándolo pícaramente…

garden

Salieron al jardín de la propiedad, y la fría atmósfera no hizo más que renovar las fuerzas de ambos.

- ¡Espera!

- ¿Quién eres? ¿En verdad me quieres?

Esa frase resonó profundamente en la mente de William, produciendo una suerte de déjà vú que le  trajo recuerdos… más no eran suyos.

view

Sólo unos metros más adelante y tras los árboles que protegen a la mansión del viento provinciano, un estanque tenuemente iluminado se prestaba de santuario para el momento por ambos conocido. Justo ahí, la misteriosa doncella lo vio de nuevo, y en sus ojos se reflejó la profundidad de una mirada mucho más penetrante que las que tuvo al llamarlo.

De nuevo los corazones en su conjunto sintieron ese brinco de amor recién fecundo.

Temeroso y absorto se acercó a ella. A un lado del invernadero que miraba al estanque calmo. empezó un diálogo por mucho tiempo esperado:

-Eres tú.

-¿Cómo puedes estar tan seguro?place

- Por qué sin pensarlo ni conocerte lo puedo dar todo, con la certeza de saber que guardas la mitad complemento del sueño perfecto.

- ¿Y si decido que no eres el indicado?

- Habré desmentido un sueño tonto y obsesivo. Una fantasía que sirvió mucho tiempo y ofreció aire a un mundo en aprietos, pero que al final es solo eso, un sueño.

- ¿Aún sin saber mi nombre puedes amarme? ¿Y qué hay de mi forma de ser, mis memorias y metas, mis sueños y problemas? ¿Cómo te sujetas a un montón de aire que caprichoso te puede abandonar a tu suerte?

- El aire es un soplo que puede dirigir navíos grandes o inspirar mentes brillantes. Si con el tiempo logro conocerte y desentrañar la persona que se esconde en cada uno de esos diarios actos banales, si encuentro el significado de la sonrisa que tu boca dibuja en este instante y descubro que en esencia es justamente la calma iluminada de un amplio horizonte, entonces podré decir “te amo”.

Lo demás fueron asuntos de los que sólo la naturaleza fue testigo. La noche terminó, la fiesta siguió su curso, los nobles que en esa ocasión desfilaron se hicieron viejos y murieron, pero la promesa de un amor joven y creciente perduró en todos esos instantes: como arma para un mundo indefenso, como joya de un destino indefinido.

7 de diciembre de 2009

Diálogos de una prostituta

ADVERTENCIA: El siguiente relato es totalmente ficticio y puede contener fragmentos ofensivos o vulgares para cierto público, así como lenguaje soez y explícito. Se sugiere discreción.

Es ya la medianoche en las calles del centro histórico y poco a poco los balcones y portones de sus construcciones van dejando el aparente vacío y pasividad diurno para tornarse en lugares de recreación nocturna. A pesar de que sus fachadas sean muy parecidas, en su interior esconden  una gran variedad de bienes y placeres, yendo de los más inocentes a los más pecaminosos.

A unas cuadras de la plaza de Analco, una mujer se pasea por ambos lados de la calle, saludando cariñosamente a cuanto “caballero” se atraviesa en su camino. De tacón alto y ropa muy ligera, intenta engatusar a los débiles de voluntad que busquen seguir su noche de juerga. Sin embargo, es increíble hasta donde llegan las dificultades económicas:

Que no alcance para la vieja se entiende, que cambien el “bacacho” por charanda hasta es recomendable, pero que no les alcance ni para un privado: ¡son chingaderas!

El maquillaje comenzaba a despintarse, el cabello a caerse y la carne a enfriarse, tenía que conseguir un cliente y rápido. Era momento de las rebajas navideñas.

Y así, ofreciendo una hora por el precio de media, fue que abrió su negocio y llenó su cartera. En cuestión de minutos el tugurio que tenía por habitación vio desfilar al menos a media docena de individuos que no vieron mal echarse una “botellita” más.

Ebrios al fin, eran fáciles de complacer, no había necesidad de desbordar creatividad. Un par de cumplidos e insinuaciones, un empuje al catre vencido, tres posiciones llenas de jadeos y estaban fuera sonrientes y sin dinero. La práctica que ya tenía y todavía no era legal…

¿Que haré a los 20?

Sin embargo, por mucha técnica que tuviera todavía le quedaban cosas por aprender. Cada vez que se acostaba con alguien, dos sentimientos le anudaban la garganta: La sensación de estar mal y el recuerdo de un muchacho, compañero de escuela en el último año que estudió, el cual siempre la rechazó.

Mientras yacía acostada, dejando que el cliente en turno hiciera lo que su poca vergüenza le dejara hacer, su mente se perdía en un diálogo paralelo, tan sensible y honesto que no parecía ser de una mujer que se entrega por dinero:

¿Lo hago por desquite?

Puede que sí, pero mientras no los llame por su nombre, ni los bese, esta bien.

¿Como para tener un hombre enfrente aunque no sea él?

De vez en cuando es necesario, y no soy la única que lo hace, mi madre lo hizo antes, y más de una vez.

¿Estoy deformando cariño en lujuria para rellenar el vacío?

Con algo me habré de consolar ¿no? si me desequilibro va a salir peor y ahí en serio haré cosas malas… Aunque pensándolo bien, salió más caro el remedio que la enfermedad.

¿Soy culpable por eso?

Yo no me hice el daño… pero si me lo creí.

¿Soy siquiera responsable de la perdición que les provoco?

Si me culpo por creerme el daño entonces todos ellos también son culpables de hacerme esto. Cada quien es dueño de su propio chiquero.

¿Estoy obsesionada?

Yo creía que estaba enamorada, pero si terminé en esto, creo que ya no puede ser eso… ¿o sí? Tenía un sueño, confié en él y llegué aquí. Creí que había llegado el momento y me sentí enamorada. Ahora me siento más bien apretada…

¿Qué es el amor? ¿Aquella única vez estuve cerca?

Ya empezaste con tus cursilerías… ¿Qué horas son? Mira nada más, el cabroncito este ya lleva media hora de regalo… Bajan…

En la calle se abre la puerta grande y por ella sale un borracho medio desvestido con cara de satisfacción y desconcierto. Luego, una jovencita de escasos 17 años se asoma arropada por una cobija, ve el cielo clareado y regresa a preparar su café de desayuno como cada mañana.

img_5923-1

3 de diciembre de 2009

Secreto rejuvenecimiento

Con el frío invernal que cruza de extremo a extremo el bosque, todo ha cobrado un tono pálido, recordando más las épocas pasadas. Cada tronco y rama, cada nido y hojarasca, todo es parte de su sueño. ¿El dueño? Un muchacho joven y ordinario, de mente soñadora y espíritu intranquilo. Un vástago inmaduro de muchas o pocas palabras, según sea el caso. Un joven llamado Leonardo.forest dawn

Deambula entre los árboles que a la luz del atardecer cobran tonos cálidos y embelesantes. Tan sólo anoche oyó la voz cautivadora que ahora lo acurruca. La encuentra entre el silbido del viento por las hojas: lejana aún, pero a menor distancia. Un sueño tan intenso que ha perdido noción cuándo esta dormido o despierto.

Es como si ya hubiera sucedido: todo cuanto percibe y hace, parece producto de un libreto por alguien más escrito. Al vivir, recuerda y al soñar, despierta. Si en esa ilógica noción hay locura, será entonces que la razón más alta llega aún después de la cordura.

Sabe que lo que hace es equivocado, que su camino es maldito y criticado. En su pueblo parientes y amigos le han advertido, pero ni el peligro profundo del bosque inhóspito, le hacen retroceder y dejar de buscar la fuente de su deseo.

Desde algún rincón oculto del paraje, la creatura le susurra “'¿Quién eres?” “¿En verdad me quieres?”. Sólo con esas frases él la sigue. Sin más fuerza que las propias de su cuerpo, ni más soporte que el de un corazón crédulo, Leonardo atraviesa áreas tupidas y claros desiertos. Ciego en los ojos, pero claro en el sentimiento, no teme a la muerte que signifiquen su confusión y exilio.

Sabe quién lo llama aunque no la haya visto. Sus ojos y facciones son desde siempre conocidos, y más que un encuentro busca una visita. Una vez que lo ha aceptado todo, el muchacho imagina que esto no es más que la continuación de un tiempo muy lejano. Una época donde no reinaban los humanos, ni la vida tenía tanto sufrimiento.

Este tipo de evento para ser extraño debe ser ajeno. Sin embargo encuentra en cada rincón la mirada esquiva de la que de antaño ha sido su musa. Pareciera que en aquel entonces mítico y olvidado, la pareja dejó huellas de su conocimiento, y así,  cuando sus recuerdos se hayan desgastado, la fragancia, la vista y el tacto conocidos les refrescarán el romance de curso inacabado. birds Los pájaros, al volar, dibujan el trazo del viento que los rodeaba al encontrarse. Los rayos del sol, cual amanecer solemne, devuelven a la memoria el júbilo de un amor puro en un mundo impecable. Cuando todo era nuevo y la melodía recién adquiría su nombre, las notas se conjugaron en singular compás para dejar entre el follaje la canción secreta de los enamorados.

Siendo quien es, se siente diferente. Con la presencia en mente de aquél ser, brota de nuevo la verdadera naturaleza de Leonardo, la que está cautiva en el cuerpo y mundo humanos. De pronto, ya no responde a más conceptos del hombre, ni a los pocos saberes que en este tiempo se han redescubierto.

Anda así por largo rato, convertido en algo diferente, hasta que en la orilla de una ladera inclinada ve de nuevo a la siempre joven y bella: a la mujer y a la niña. 

En ese momento el tiempo se congela, la brisa se detiene y ese instante que comprende una parte insignificante del cosmos pleno, se vuelve lleno e importante. Nada ni nadie en todo el mundo pudo ser indiferente al impulso de los corazones contentos. Una vez más, luego de varios milenios, el amor se ha renovado, y como marca el relato, la naturaleza ha sido su seno.