Basado en la imagen de Ferdi’s World en Flickr.
Tan sólo uno días han bastado para abrir los ojos: Gracias a un puñado de personas que me alzó la vista; con el acercamiento que soñé y las sorpresas que no esperé…
Aquello reflexionaba mientras el payaso callejero hacía su actuación en el camión un sábado en la tarde. Niños cuyos futuros se antojan aún más desalentadores, juguetean con los objetos que probablemente se convertirán en sus enemigos. Es cierto que la sonrisa escasea, pero con las gruesas gotas de esa lluvia caliente, la sensación de una limpieza emocional infunde mayores ánimos.
Mirando atrás sin siquiera esforzarse, los recuerdos comienzan a cristalizar sueños aún dispersos en el aire como las risas de esos niños. Tantos rostros, tantos momentos. Cariño y amistad, deseo y oportunidad... Una realidad utópica que se iba materializando cada vez más.
Sutilmente la fusión de pasado, presente y futuro hacen del actuar un riesgo apetecible. Aún con las nubes que amenazan todos los panoramas, el viento llama a ver las oportunidades. Miradas que se cruzan, voces que se agradan, sueños que iluminan. Un camino apenas recorrido de cuyas vistas me había empezado a privar.
Había olvidado la belleza de todo aquello. Por un momento me dejé cegar y olvidé la simple y magnífica grandeza que las pequeñas alegrías tienen. Esa material cada vez más raro y huidizo que forma la verdadera vida…
Al llegar a mi destino, los gritos de un grupo reunido en tan helénico festejo me inspiran la sonrisa que viniera a concretar el entendimiento: Aunque la carga sea pesada, aunque el momento no parezca el adecuado, el camino elegido tiene más razones de las que expresa un corazón mezquino y presionado. Es la experiencia recogida en los últimos días la que da causa y fuerza al exhausto peregrino. Y aunque su devoción pertenezca al santo ángel femenino, eso no le impide de compartir con sus iguales el don del amor dado y recibido.
Finalmente y con los acordes del alegre himno promete seguir adelante.
Porque los ideales no se han ido,
porque la causa siempre ha válido la pena,
porque aún no está todo dicho,
porque no se ha llegado al límite de las fuerzas,
porque hay mucho y muchos que dependen de la empresa.
Porque en esta tierra nuestro existir es un instante, que como la ígnea chispa, puede lo mismo alumbrar sin que valga la pena o encender el fuego justo del destino preferido.
