26 de abril de 2011

Los beneficios de lo barato

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A la vista de la mayoría de las personas que los conocían, los Coapa eran una familia pobre. No hacían más que comprar cosas baratas. Los niños desde muy chicos lo habían aprendido, las marcas no sirven más que para buscar mejor la imitación que más se le acerque. Pese a ello no eran infelices. Habían aprendido a divertirse con lo que otros niños se sentirían tristes. Sin duda Arturo y Margarita eran niños especiales.

El de ellos era un mundo donde nunca sobra pero siempre se busca que haya suficiente. Donde hay que restringirse para sobrevivir y en el proceso se dominan los vicios. Un medio donde la escasez ayuda a valorar y priorizar, donde pensar en ahorros es pensar en los demás.

Como cualquier ser humano aprendieron las nociones de bueno, malo, peor y regular en los términos de lo que conocían, no en términos absolutos. Para ellos cada producto era como una relación de complicidad con el fabricante. De la misma manera que él tuvo la delicadeza de preocuparse por ellos con un producto a su alcance, los niños alababan cada pequeño detalle comenzando desde el empaque. Se trataba de apreciar los detalles de quien piensa en los que nadie piensa, de hablar el lenguaje sutil de las diferencias, de las carencias.

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25 de abril de 2011

La posibilidad de decir SI

piensalo

Todo puede cambiar. Piénsalo. Si estuvieras lo suficientemente convencido (y tuvieras las agallas ) podrías decidir dejarlo todo y tomar una vida nueva en cualquier momento.

¿Quién te detiene para salir a la calle y convertirte en un ermitaño que busque el sentido de la vida mientras sobrevive con lo que la naturaleza, así de jodida como la ves, te puede dar? ¿Quién te impide dejar atrás tu nombre, tu vida, tu futuro, tu presente, todo a cambio de una hoja nueva? Es cierto, algunos te llorarán, otros te buscarán, algunos más incluso reconocerán que al irte se han dado cuenta que su odio no era más que afecto o admiración malentendidos, pero nadie te obligará a regresar y retomar esa identidad vieja, a veces más llena de vergüenzas y fracasos que de alegrías y triunfos. Una identidad que te restringe al mismo tiempo que te impulsa. La que limita tus nuevas decisiones justificando una ganancia a todas luces no muy clara.

Incluso si quieres ser un poco más extremo, podrías reclamar ni siquiera hablar la lengua con la que creciste, no haber nacido donde naciste, ni en cualquier otro lugar; ser aquel desconocido que viene de todos lados y de ninguno, con la única intención de ir directo a un destino ignorado; ser el rostro vagamente conocido que todos reconocen pero al que nadie se ha atrevido a preguntar cuál es su nombre; ser el vigilante anónimo que disfrute de entender lo que nadie puede, por estar tan ahogados en esa realidad a la que llaman vida: la que esta llena de trabajo, preocupaciones, excesos y otras estupideces.

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Podrías ser lo que todo mundo ha querido y nadie a podido ser, el fugitivo renegado que desafía todas las leyes establecidas, el que no rinde culto al dinero ni al poder. El tipo de héroe con el que todos sueñan

13 de abril de 2011

Indignado.

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Realmente estoy indignado. No porque de tanto repetirse la tragedia, hasta haya podido ser representada; sino porque algo tan importante se haya vuelto para muchos en solo eso, una simple representación. Algo bonito y favorable que hacer por uno mismo, para que hable bien de la nula consciencia colectiva de la que algún día se pueda uno servir.

¿Pero qué se le puede pedir a un montón de personajes que fieles a la vieja usanza, o simplemente demasiado estúpidos para siquiera entenderla, continúan las mismas absurdas mañas? ¿Qué cambio puede pedirse en un par de posiciones que desde hace generaciones no hacen más que reforzarse? Como el aplauso monótono y forzado: así suena la conciencia hueca de quienes viven una existencia superficial y adicta a la parafernalia hedonista.

¡Sigan disfrutando de los signos corrientes que los esclavizan como en otros tiempos hicieran los espejos y cuentitas!

Esta vez lo he visto mucho más claramente. Aislado de las influencias usuales y ante el escrutinio de quien no conoce, pude distinguir las famosas dos caras. La blanca y la morena, la estoica y la emotiva, la grave y la quimérica.

zapata y porfirio

12 de abril de 2011

Interrogatorio

2380554979_08804cc609_zNuevamente son las cinco de la tarde. Una hora emblemática en muchos puntos del planeta, pero no en éste. La luz aún diurna se cuela despojada de toda calidez, como si el blanco de los muros contagiara la definición de neutro a los alrededores. Nuevamente llego a aquella silla negra colocada de manera equidistante, saludo a la claustrofobia de siempre, cierro los ojos, tomo un respiro y empiezo el interrogatorio.

-¿Nombre?

- Para qué lo quiero si siempre es el mismo?

-¿Nombre?

-¡Pero si es el mismo!

-¡Nombre!

-Yo

-¿Edad?

-Es un misterio.

5057340667_21b09ba225_z-Necesito que ser más preciso que eso.

-Algunos ayeres, al parecer aún no los suficientes.

-Muchas gracias. ¿Motivo del encierro?

-Sublevación al orden establecido y diferencias culturales irreconciliables.

-Por favor deje de estar bromeando, ¿podrías ahorrarme la pena de tener que hacerme la misma terapia de persuasión de la vez pasada? Como puedo ver ni siquiera me han salido cicatrices. ¿Motivo del encierro?

Esos ojos.

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Fue tan fácil como sentarse a imaginar. La verdad es que fui demasiado ingenuo, en aquél restaurante paradisíaco en medio del desierto es obvio que ese tipo de cosas tienden a pasar. Sentado en una de las tantas mesitas redondas, entre vegetación y fuentes pequeñas (todo un lujo por aquéllos lugares) fue que quedé atrapado en el misterio de sus ojos negros.

En ese momento fue sencillo comprenderlo. A pesar del burka negro que cubría la mayor parte de su cuerpo, el diminuto hueco que se abría para mostrar sus ojos era toda la oportunidad que necesitaba para comunicar, seducir y protegerse. Era como un francotirador apostado en lo alto de un pasaje rocoso, siempre lista para la emboscada: Dos perlas negras y nebulosas, enmarcadas en un pequeño mar de leche, era como asomarse a un mundo más elevado que de pronto se mostraba interesado de hablar con alguien tan mundano.

Y es que ése era precisamente el efecto que los volvía aún más letales: en cada reojo se clavaban en lo más profundo, cuestionándome de la manera más hipnotizante. ¿Quién era? ¿Qué quería? ¿Me gustaba lo que veía? ¿Por qué me interesaba? Era como estar hablando abiertamente con alguien de quien ni siquiera sabía su nombre. Atractivo al principio, atemorizante luego, al final imborrable.

Luego del primer día caí en la cuenta de lo inocente que había sido.

1 de abril de 2011

Como en el primer día.

happy old manTal vez lo encuentres próximamente o ya lo hiciste sin saberlo. Un viejito que suele subirse al autobús que va directo al centro comercial. Un poco encorvado, casi nada, con la mirada perdida pero una ligera sonrisa dibujada. Siempre intenta ir de pie y durante los primeros cinco minutos lo logra, aunque luego tiene que pedir un lugar para ir sentado. Sus rasgos aunque cansados aún muestra un rostro redondo y en otros tiempos atractivo. Su ropa parece ser la adaptación libre del clásico juvenil: pantalones de mezclilla con tenis y una chamarra café de piel que se volvieron pantalón de mezclilla con zapatos y una chamarra de gabardina.

No lleva bolsas, ni un periódico, ni siquiera una cartera; sin embargo siempre baja frente al centro comercial y se pasea. No mira los aparadores, no le interesan las ofertas, simplemente ve a las demás personas.

honey eyeAlguna vez bajé con él y le pregunté por qué hacía lo que hacía. Me dijo que no hace mucho tiempo allí conoció a una chica tan bonita y agradable que casi instantáneamente se enamoró de ella. Todo le gustaba, su cabello castaño que apenas se ondulaba, la sonrisa de niña tierna que combinaba perfectamente con los ojos miel que cautivaban, las mejillas siempre rosadas, la actitud siempre espontánea. Tanto fue su interés que le pidió a su amigo Ernesto que hiciera lo posible para conocerla. Luego de muchas vueltas y algunos tropiezos el pobre pero leal amigo no logró su cometido, pero al menos pudo averiguar cómo se llamaba. Aquella chica era Angélica.