30 de junio de 2010

Nuevo significado pluvial

2145424903_0fc1fc78f7_bLlueve y el viento arrastra violentamente las gotas que invaden cada espacio. Pese a ello la atmósfera es cálida y pequeña… En el acuerdo tácito que se ha convertido este pequeño espacio y tiempo se suceden pensamientos frágiles que sufren aún intentando expresarse.

El frescor inusitado en medio del verano sirve de pretexto, uniendo un par manos diferentes de manera tan fácil y perfecta que parecieran haber esperado este momento. 513940162_dd79e27b3d_oLejos están los problemas y agresiones: Como en el lecho nocturno que poco a poco apacigua la mente al final de la jornada, ese instante sólo permite una intimidad exenta de morbo.

Si pudiera seguirte abrazando…

Ahora el cielo está iluminado y el viento en calma. El agua corre tranquila por la escalinata que le pertenece y contrario al vendaval de ayer, hoy no hay rastro de ese mundo efímero que eres tú. Pienso en el mal implícito de todo aquello, permitido y querido, a pesar de los férreos intentos de ética social. Tal vez fue una explicación distinta al discurso formal, o el error irracionalmente predecible que ponga ritmo al moribundo deceso. Quiero que sea lo que debe ser, sin los tintes personales ni deseos profesos.

Quiero protegerte vanamente, por que así recuerdo el significado de conjunto y me protejo a mi mismo.

Quiero cuidarte como se cuida al descendiente sanguíneo, con la ternura y caridad a las que voluntariamente esquivo.

Quiero vivir en esa fantasía de realidad que se opone a todo lo que entiendo, aun cuando sólo diciéndolo entiendo que es imposible vivirlo y prohibido quererlo.

Hoy volverá a llover, me lo ha dicho el viento. Más no será para gestar ese mundo imaginario, sino para intentar encontrar el gusto lánguido en cada gota que perciban mis sentidos. Soñaría una vez más en un futuro paralelo, pero creo que ha sido suficiente el daño.

Si quieres llegar rápido ve sólo, si quieres llegar lejos ve acompañado.

8 de junio de 2010

Tengo antojo.

667375927_948a889acc_oDe nuevo tengo atravesado un antojo. Simple, pequeño: seguro que con unas papas se calma.

Camino, veo las tiendas llenas de envolturas brillantes y anuncios municiosamente diseñados para convencerme a comprar. Ningún color parece surtir efecto. Sufro de daltonismo consumista.

Percibo olores de antojitos, de viento y un poco de humo. Aún nada me convence. ¿Será una bebida? ¿Un jugo? ¿Un líquido de colores vibrantes y sabor desconocido?

¿Se masticará como un chicle? ¿Crujirá? ¿Se amasará en mi paladar dejándome jugar con una masa por demás asquerosa y divertida?

No doy ni con el sabor, ni con el olor, ni con la forma del misterioso bocadillo providencial.

No creo que sea caliente, más bien fresco. Tal vez un poco tibio… hace un tiempo que no tomo café. (¿Mi cuerpo pidiendo estrés?) ¿Se chupará? No, no creo que sea dulce, tampoco salado, un sabor más neutro, más familiar, tal vez sea MÁS HUMANO.

Si la lengua quiere jugar, los dientes quieren mordisquear, los labios disfrutar el constante abultamiento de un espacio reducido… no, no creo que el chocolate sirva en esto.

Es más sutil, más visceral, una paradoja de sabor insípido que tienta en tiempos que el calor alcanza su máximo punto.

Es un bocadillo que no se compra pero si cuesta. No tiene receta pero si depende de quien lo haga.

Es alimento, es juego, es intimidad y esparcimiento. Es un antojo absolutamente común y veraniego.

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Sí… ese es mi antojo.