30 de mayo de 2010

Desde el umbral.

dawb

Ya han pasado muchas horas desde que empezó la noche. En sus sombras grupos dispersos de personas aprendieron a ver con relativa claridad, entrenaron un sentido de rapiña y se lanzaron al acecho de cuantos inocentes pudieron devorar.

En la oscuridad libre de vigilia, el sacrificio de justos llamará al nuevo sol.

Siempre voraces e insatisfechos, abusaron con placer y ventaja, como bestias adictas a sus deseos carnales, repitiendo hasta el cansancio, siguiendo hasta la muerte… En los momentos más difíciles no había más que oscuridad y caos: la creación sumida en una condena fatal. El fin parece estar cerca…

Más las horas más oscuras son sólo preludio de un nuevo amanecer.

Ante una inminente e inevitable amenaza de muerte, un valor casi natal inunda a las creaturas en peligro, dándoles una última oportunidad de tomar el riesgo y derrotar a su agresor. Si se entiende este principio, es fácil entender como de un rebaño de ovejas miedosas y perdidas surge un ejército de héroes dispuestos a instaurar de nuevo el orden universal.

Son héroes que ponen en duda, volviendo a la información en su mayor arma y privilegio. Desdeñan los tesoros de antaño, ahora sucios y burdos, por alcanzar la igualdad en un mundo de diferencias. La tolerancia marcando un hito.

Vuelven las utopías de la antigua escuela en realidades inimaginables: Democracias masivas y centralizadas en un sólo ente digital. La sabidúría y creatividad del hombre fusionadas en su más sofisticado fruto. Justicia, poder y conocimiento siempre disponibles a aquel que clame por ellos.

Son héroes que toman la iniciativa, sin dudar en intentar siempre un nuevo camino. Siempre con la confianza puesta en su fuerza y sus ideas. Concientes de lo frágil y corto de su tiempo. Como mensajeros de una nueva era, corren sin tregua para extender los nuevos dominios. Trazan un mapa nuevo, redibujan los destinos. Las rocas se vuelven arena, la riqueza surge del desperdicio; en el albor de un renacimiento se sientan sólo las bases que permitan escribir un nuevo libro.

Irreprochablemente humana, colmada de virtudes y defectos: es de una nueva generación la conciencia, que desde el umbral del parto, contempla su propio renacimiento.

rebirth

23 de mayo de 2010

En un claro de bosque. (V)

Poco a poco esa luz se acercaba, aumentando en intensidad sus rayos pero también emitiendo pequeños destellos dorados. Pequeñas brisas de viento hacían silbar las hojas de los árboles y un tintineo constante empezaba a convertirse en música. En compases lentos y profundos la melodía creció en volumen y textura. Ya no eran solo campanillas, también eran acordeones, flautas y violines. Pronto se unieron guitarras, panderos, clarinetes y armónicas. La luz se volvía más intensa y los instrumentos no paraban de aumentar. Difícilmente se sabrán los nombres de todos los presentes en ese mar de percusiones, viento y cuerdas.

A pesar de ser tantos y tan distintos, los sonidos se mezclaban perfectamente en una sola melodía abrumadoramente emocional e instrospectiva. La omniorquesta tocaba cada memoria alegre y goce que tenía, devolviéndome no sólo la faceta que en un inicio había dejado, sino también retomando la crónica de aquella noche mágica y perdida. Nota tras nota se concentraban la felicidad y la amargura, la tranquilidad y la angustia, el amor y la desventura, la realización y el fracaso...

3461116582_4cc12d4558_bExtendí la mano como queriendo alcanzar la nada. De inmediato se oscureció todo y al abrir los ojos encontré la causa. Justo bajo mi palma se encontraba el hada dorada.

4161788569_d92289ec88_b Al voltear la palma, ahí estaba: su ropa blanca y brillante, sus alas áureas y delicadas, como halos de luz que emanaban de su espalda. Más misteriosa que cualquier otra, guardaba su identidad tras una máscara. A pesar de su silencio, con su música me hablaba, entendía y contestaba. Era alguien que había superado las limitaciones humanas, llegando con sus sonidos más allá de lo que habrían podido las palabras.

Si había forma de hacerme olvidar todo nuevamente, la pequeña misteriosa que tenía enfrente la había encontrado: me quedé en ese pequeño e iluminado espacio como quien por fin encuentra lo que  había estado buscando. Ritmos y melodías armoniosas que me hacían soñar con una vida rodeado de naturaleza y canto. Ella siempre la artista, yo siempre el público. ¿Sería posible? Parecía no detenerse nunca, emitiendo música con frases y propuestas armónicamente encadenadas.

Me quedé ahí absorto hasta que el verdadero sol comenzaba a salir del horizonte. Poco a poco el cielo fue clareando, haciendo las notas más quedas, la melodía más simple y la luz más baja. No fue sino hasta el último momento que las memorias de las otras hadas convergieron en ella, rodeando su silueta y fundiéndose en un último fulgor dorado que terminó por disolverla. Al primer instante de la mañana, todo lo que tenía en la mano era sólo un poco de polvo de hada.

Caminé al extremo del bosque, voltée a dar una última mirada, suspiré y regresé a la común y corriente vida humana.

En un claro de bosque. (IV)

Un aroma que encandilaba llamaba a seguirlo incondicionalmente, como acariciándome a cada paso que daba. En la amplitud de un bosque nocturno aparentemente vacío, solo un aroma me mantenía unido a ese sueño. Por primera vez vi la luna, y embelesado por ella, no me di cuenta cuando apareció el primer destello rosa.

325914045_17f703d5f5_o La fuente de aquel aroma no era nadie más que una diminuta hada rosada. Tierna, indefensa y coqueta, jugaba con hongos más grandes que ella. Totalmente hipnotizado por la esencia que emanaba, e imaginando qué pasaría, seguí el juego que insinuaba y la toqué. Apenas un roce fue suficiente para entrar en ese éxtasis mágico. Misma sensación, pero esta vez con un aroma rosado y perfumante. Iba a tocarla de nuevo cuando la pequeña huyó de mi dedo. Pensé haberla asustado, pero me seguía sonriendo. Intenté una vez más, pero volvió a esquivarme con un aleteo. En vano intente volver a hacerlo: cada vez que lo hacía una sonrisa me evadía, incapaz de dejar de incitarme de la misma manera que no podía dejar de tener miedo.

4245755581_4b04a0d9dc_b Tal vez fuera por ese miedo suyo que de un momento a otro el aroma cesó. Los destellos rosas desaparecieron y en su lugar aparecieron pequeños puntos de oscuridad. El hada rosa que jugaba y sonreía, creció y se convirtió en un hada negra que con sus ojos cerrados me intrigaba al tiempo que me daba serenidad.

Fue de pronto que empecé a soñar cosas. Veía como amanecía, lograba todas mis metas y de nuevo en casa disfrutaba de una feliz vida. Luego imaginaba largas tardes de abrazos afectos ante un sol que poco a poco se ocultaba. Imaginaba tener riquezas incomparables, el poder sobre naciones y la fama de una leyenda. Mi mente se llenaba de vistosas nubes que me auguraban un buen destino, aunque en el fondo sabía que ninguna de ellas era cierta. A pesar de la sonrisa que me dibujaba soñar todo aquello, mi conciencia recordaba que estaba en un claro de bosque, con un hada negra que era feliz aparentemente de la nada. Cuando quise cuestionarla, más visiones llegaron a mi mente, llegando a tal grado que la realidad, si es que aún había algo de ella, se mezclaba con la ficción en mi cabeza.

450592240_2dbdd74fab_b Asustado por el poder de aquél pequeño ente, me escabullí entre el follaje buscando la salida. Ya no quería saber más sobre hadas y claros. Lo que yo entendía como juego resulto ser un calvario y luego de andar a la deriva sin medir el tiempo, el cansancio me impedía seguir adelante. A lo lejos podía ver una luz intensa, debía de ser el sol anunciando el próximo amanecer en los límites del bosque. A pesar de ello mi fatiga era grande y aunque con quejas tuve que recostarme a descansar… en un claro de bosque.

Apoyado en un tronco y abrigado por unas frondosas ramas, cerré los ojos con la esperanza de que al despertar podría al fin salir de aquel bosque hechizado y lleno de hadas. La luz poderosa atravesaba mis párpados, pero ello en vez de molestarme me daba confianza. Tan cálida y constante, en nada se parecía a los destellos que había estado viendo toda la noche…

O al menos eso creía.

En un claro de bosque. (III)

Al llegar alcancé a ver el rastro dorado que se alejaba, quedándose únicamente el hada morada. De complexión más robusta y con ánimos exagerados, tenía un cofre lleno de lo que parecían ser golosinas. Tomó una, se acercó y con una sonrisa la puso en mi boca. Su sabor era inusual, una mezcla de frutas con azúcar y algo de miel. No había terminado de comerla, cuando ya tenía otra esperando a que abriera la boca. Después de un rato, y a pesar del dulce sabor inicial, el empalago ya era inevitable; sin embargo la hadita parecía no entenderlo. Por más que se le dijera que no, insistía en seguir dando sus dulces, convirtiéndose en una pequeña posesiva cuyo pensamiento no se podía cambiar. De manera un poco dura, logré escaparme de ella, no sin antes tener que destrozar su preciado cofre.

  Corrí sin descanso para evitar encontrar destellos morados. De tanto hacerlo, las gotas de sudor se agolpaban en mi frente, el aliento me faltaba y la sed era insoportable en mi garganta. Afortunadamente llegué una vez más a un claro. En él abundaban los hongos blancos y los destellos azules, creando una atmósfera fresca y relajante en la que una hada alta se paseaba.1817508272_cb9001d5de_b

Al verme llegar dio algunas vueltas alrededor mío, creando una corriente de aire fresco que al tocar mi piel la secaba, y al entrar por mi boca me devolvía el aliento al mismo tiempo que me hidrataba. Luego de un rato no quedaba rastro alguno de las golosinas o de mi cansancio. Entonces sin más aviso tocó mi mejilla. Con su gélida manita estimuló cada centímetro de mi cuerpo, abriendo cada poro y estremeciéndome por completo. Con la pupila dilatada, en éxtasis y con el corazón a todo lo que daba, la vi desvanecerse. Tan fugaz y vacía: apenas tentadora en un pequeño instante.

Desilusionado pero revitalizado emprendí de nuevo la marcha. La fuerte impresión que había dejado el hada azul hacía que caminara sin rumbo, al punto de perder todo rastro y esperanza de encontrar un nuevo claro. Cuando ya me daba por perdido, un olor atractivo me devolvió al camino.

Tal vez habría más claros después de todo.

En un claro de bosque. (II)

3205177796_6834a3f8ba_oEra obvio que creía en las hadas, sino no las habría visto y escuchado. Lo que no fue tan lógico fue  que necesitara de ellas. Nada más comprender su ausencia, corrí en la dirección de su partida. Ahora viejo, al recordar todo aquello entiendo que a partir de ese momento comenzaron los momentos más felices de mi vida. Por espacio de unas horas, un conjunto de visiones me llevaron a un mundo paralelo y fantástico, de apariencia divinamente carnal y mística. Aún no he muerto y tal vez por ello peque al mencionarlo, pero de poder ir al cielo llegaría a un mundo extrañamente conocido.

Luego de un rato entre arbustos y ramas llegué a otro claro. En el había un estanque rodeado de piedras blancas, en cuyo centro un montículo hacía las veces de isla. Sentada, con ojos soñadores y sonrisa calma, estaba un hada verde. 2104370160_ccec434906_oSu cuerpo era delgado, algo pequeño comparado con el tamaño de otras hadas que recordaba. De su cabello brotaban flores de colores vivos y exóticas formas, brotaban de su centro como botones de rosa, y a medida que bajaban iban abriendo sus pétalos hasta desprenderse y florecer en la tierra que caían, de tal manera que el hada parecía caminar únicamente sobre ellas.  Dejando la recién floreada isla se acercó, envuelta en un aroma fresco y enervante. Se detuvo a un palmo de mis ojos y revoloteando con sus alas tintineantes tomó una de las flores que caían de su cabellera, cristalizándola al momento de tocarla.

Nada más recibirla, todo cuanto había en el claro desapareció. No había rastro de estanque, flores o hada. Cuando volví a ver el cristal en mi mano, vi su rostro mientras una voz me susurraba "cuando vuelvas...".

Seguí mi camino. Mientras intentaba llegar a un nuevo claro veía destellos morados y dorados no muy lejos de mí, señal sin duda de que estaba cerca. Seguí animado por la combinación de colores y la ilusión de qué podría encontrar.

En un claro de bosque. (I)

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Sucedió una vez que vagando por el bosque me alcanzó la noche. Sin la luz potente para distinguir algún camino y con un mar de estrellas que no me podían ubicar, anduve errante buscando una salida o al menos un claro donde descansar. Pero de noche los árboles cambian, la atmósfera que envuelve se torna mágica y todo lo que ahí habita emerge para hacer notar su presencia. En cuestión de minutos ruidos de toda clase me acompañaban, como mezcla de cantos y abucheos ante la llegada de un desconocido.

Entre serpenteantes caminos de muy irregular relieve fui perdiendo conciencia de la realidad. Dejé detrás mi vida en la pequeña villa cercana al río, las desventuras que hice de pequeño y las angustias que me acechaban de adulto. Las memorias felices en familia junto a un fuego exiguo y las sonrisas salvajes o inocentes que lo mismo me arrancaron mujeres o amigos. En la vereda misteriosa que me conducía sin destino, fui dejando mi faceta de hombre civilizado, quedándome tan sólo con la de creatura creyente.

Entonces los ruidos cedieron, las sombras se aclararon y el bosque se convirtió en un lugar más familiar que ajeno. El conjunto de natura me había aceptado como suyo, y con singular holgura me dejó adentrarme en sus más profundos secretos.

Fue entonces que salieron, reunidas todas en el primer claro de bosque que jamás había visto: Eran hadas.

 2713186691_7f9cddc53f_b Una por una, con sus colores tan distintos y variadas formas, fueron llegando con su característico brillo y suave tintineo. Las había rosas, verdes, azules, moradas, negras y doradas. Juguetearon cada una en su espacio, como ignorándo a las otras, concentradas más en llamar mi atención que en guardar algo de compostura. Algunas jalaron mi túnica, otras bailaban, las menos intentaban hablar y casi todas se mostraban alegres pero misteriosas. Luego de un rato, suficiente para poder identificarlas a todas, se escabulleron tan rápido como vinieron, en la misma dirección y con sonrisa juguetona.