15 de mayo de 2008

Espíritu libre con aroma a café

amigo

Me da nostalgia pensar que de ahora en adelante las vidas de muchas personas a las que conozco empezarán a alejarse de la mía, asi como yo lo haré de muchos otros más. En el árbol que formamos todos juntos, es deber de cada rama ir en busca de los rayos de su propio sol.

En especial recuerdo a una rama, que mas que eso, parece una semilla que decidió no germinar como todos y mejor escapar del suelo para perderse por el viento. Estoy seguro que era una semilla de café. Tiene el aromático olor que produce la bebida que guarda en cada trago trozos de suspiros, que al reunirse en una ventana, escapan para unirse con el suspiro de una humanidad que añora la inocencia que perdió al empezar a dominar.

Él, al viajar por el mundo estoy seguro que ha conocido más rostros de los que yo creo conocer. Curiosa mezcla de calidez y frescura, tiende a llevar consigo las ideas de otras personas, su medio de transporte preferido para viajar a nuevas tierras, a nuevos corazones. Como olvidar los primeros días, cuando armados de una guitarra llamábamos incesantemente a la libertad, para que en un arrebato de bondad (cosa rara en ella) nos dejara acompañarla. A fin de cuentas solo él tuvo el valor de ir tras ella.

Henos aquí ahora: Yo sujeto a mis raíces, tan amadas aliadas en tempestades, pero tan pesadas cuando quiero volar. Él, brisa de libertad que de vez en cuando regresa al principio, como para recordar que es de aquí. Con apariencia siempre cambiante, muestra el flameante optimismo que lo ha impulsado más allá de lo que hubieramos creído, y parece que lo llevará aún más lejos.

Ahora cada vez que nos encontramos siempre llegamos con la idea de contar mil y un historias, al más puro estilo vaticano; pero después de la explosión inicial, las palabras solo brotan como para mantener el estado actual. Es más útil simplemente caminar por las calles del centro y en él ir recordando las cosas que nos hacen pensar.

Entre esas cosas hay una que siempre me deja tan espantado que no sé ni que decir: el tiempo. ¿Qué pasará cuando seamos viejos? Yo espero seguir siendo tu amigo, pero me aterra pensar que en los años que se interponen entre ese momento y el presente, el torbellino de nuestros destino nos separe tanto que ni el viento que te conduce me pueda encontrar. Cada vez que pienso en el futuro siento estar en la cima de una montaña rusa que de un momento a otro empezará a bajar. Sabes que a mis raíces no les sienta muy bien eso. Y sin embargo, me gustaría imaginar un poco como es dejarse llevar por el viento que te eleva desde ya algunos años...

Hace unos meses, casi al despedirnos, supe que aunque en los proximos años te alejes no me sentiré solo. Ese día me diste una pluma, y desde entonces no puedo dejar de ver en ella todo lo que tú eres y que siempre he admirado. El verla me hace pensar en los lejanos horizontes en los que estarás, en las personas que te aplaudirán (yo sé que lo harán) y en como aún en la distancia yo estaré aplaudiéndote también. Esa pluma cada vez que la lleva el viento susurra solamente una palabra: Amigo.

P.s. Gracias por traer contigo el sabor del café, de las emociones que escapan de los gritos de alegría y los suspiros de nostalgia. Gracias por compartir el viento de libertad que tienes, conmigo.

3 de mayo de 2008

Desde la cascada




Desde hace unos días he estado queriendo escribir unas cuantas líneas para expresar lo que según yo siento. Incluso vine aquí, a un lado de la cascada para que el verde de los árboles me ayudara a darle palabras a la idea que tengo vagando en mi mente...

Al principio dije, pasará. Luego el forzado encierro me hacía pensar más y más en lo mismo. Y ya desde entonces lo sabía: Esto no iba a acabar bien. Pero para aquel entonces arrepentirme era algo que veía muy lejano e imposible de hacer.

No es que no quiera decirte todo esto de frente, es que si lo hiciera todo se volvería más confuso de lo que ya es. Y la verdad no creo poder tolerarlo. Ya bastante me costó asimilar la cercanía del fin del tiempo contigo, y digo contigo solo porque después de que el día llegué serás un recuerdo que poco a poco quedará enterrado en los días de prepa, no porque en verdad esté a tu lado.

Incluso ahora que me pongo a imaginar como sería esa extraña aberración inofensiva, no puedo más que bloquearme. Hasta yo me río de lo que me imaginé al principio. Si las circunstancias nos han separado todo este tiempo ¿Cómo es que ya no lo harán?

Es momento, me parece, de poner los pies en la tierra. A pesar de que en verdad eres especial (no pienso poner eso en duda) no eres la niña especial para mí. No estoy aún muy seguro porqué no, pero simplemente no puedes serlo. Una lástima, pienso. Toda una oportunidad, corrijo. Después de todo, ya hay una fila considerable de (mmm) tipos (?) que simplemente se han quedado a ver como te vas, y en mi caso no pienso hacer lo mismo.

La mejor opción que veo, es esperar. Después de un "corto" tiempo podré por fin cambiar de aires completamente, ya sin la presión de rayar en la perfección (léase perfeccionismo) y con todas las oportunidades de hacer mis sueños realidad. De vez en cuando, sobre todo los primeros días, me acordaré de tí. Y no lo niego, me harás sentir lo mismo que el primer día: curiosidad, nervios, una exagerada necesidad de hablarte y cuasi terror por acercarme para ser "bateado". Pero poco a poco mi nueva vida me llevará a mi tierra prometida... O algo así.

Así que... Después de mucho escribir, llego al mismo punto de partida: No logro aterrizar mi idea. Por un lado esta el deseo de arriesgarme a ir contra lo tradicional y ver que dirás, aunque cada vez me convenzo más de que sólo te quedarás mirándome divertida y diciendo: ¿En serio creíste que era eso? Tal vez no con esa forma, pero si con ese fondo. Por otro lado, el que me esta convenciendo más, quiero simplemente alejarme de tí. No por que así logré olvidarte, sino porque así ya no estaré tentado. Últimamente no me ha resultado difícil hacerlo: Cuando te propones desaparecer vaya que lo consigues. Toda una lástima. No tienes idea el gusto que me hubiera dado que la niña indicada, a la que tanto he esperado para empezar el juego, fueras tú.


P.s. Quien sepa ver los signos escondidos, que los lea. Y si cree que debe comunicarlos, que lo haga.